Por: Cartas de los lectores

Enfrentar las protestas que vendrán

Las protestas hay que enfrentarlas, pero por supuesto no hago referencia a que se aplique un plan macabro para que lo ejecute el malintencionado Esmad, ni tampoco se trata de llevar soldados direccionados por un endiablado, ni de pedirles a las agencias estatales de inteligencia que persigan inocentes para presentarlos como falsos positivos. No, se trata de que las marchas de protesta, que con seguridad resurgirán pronto, sean enfrentadas con actos de gobierno serios. Las charlitas de los primeros días, vaya y venga. Pero que se nos gaste este valioso nuevo año que hemos comenzado todos con la continuación de conversaciones insulsas no puede ser.

La mejor manera de enfrentar a quienes han presentado sus razones para protestar es gobernar con criterio. Colombia cuenta con varios pensadores económicos que de verdad piensan el país como Salomón Kalmanovitz, quien en su última columna de El Espectador (06-01-2020) hace una descripción muy interesante sobre la percepción de varios de sus colegas acerca de las protestas que caracterizaron el último tramo de 2019. A mi manera de ver, allí está representada la sociedad colombiana: están los generosos y justos, pero también los egoístas y mezquinos, que es lo que se observó en diciembre.

El “dejen trabajar” tiene varias connotaciones que Kalmanovitz nos ayuda a comprender. Para los justos que son, precisamente los que protestan, es sentir que el Gobierno formule políticas incluyentes para todos los sectores de los ámbitos, urbano y rural, porque no puede entenderse el desarrollo centrándose únicamente en las ciudades grandes. Es atender a las poblaciones medianas y pequeñas, pero especialmente de la mano del sector agrario. Para los mezquinos, es que los dejen trabajar en santo silencio, porque a ellos lo que menos les importa es el resto, es decir, lo que le pasa a más de la mitad de la población colombiana. Mientras los poderosos, los peligrosamente poderosos, vean sus arcas llenarse, como en los cuentos de los Hermanos Grimm, qué importan los muertos de hambre de las ciudades y del campo.

La protesta social, aquí y en la Conchinchina, en Cafarnaúm o la Patagonia, tiene su origen en la profunda desigualdad de la generación y distribución de riqueza que se traduce en reformas pensionales infames (miren a Francia), reformas tributarias carrasquillescas (léase ministro Carrasquilla), desprotección inaudita a los líderes que defienden la tierra (ojo al ministro de Defensa), incumplimiento temerario de los Acuerdos de Paz (gobierno Duque en pleno), con una oposición enfermiza, esto es el Centro Democrático. Enfrentar las protestas es gobernar con ética y dignidad. Esto va también para los recién posesionados alcaldes y gobernadores.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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