Por: Iván Mejía Álvarez
Hablemos claro

Enseñado a ganar

La biografía de Didier Deschamps abruma a quien tenga la paciencia de seguirla con detenimiento. Con su llegada a la final del Luzhniki, el próximo domingo, Deschamps podría convertirse en el tercer técnico-jugador que ha ganado una Copa del Mundo. Tan solo Beckenbauer y Mario Zagallo lo han conseguido. Ya es uno de los cuatro que ostenta la condición de haber aterrizado en una fase final, al agregar a Rudi Voeller, técnico alemán en la final de 2002.

Deschamps lo ha ganado todo, absolutamente todo como jugador. Sigan el hilo: Copa Mundo en Francia 98, Eurocopa en 2000, en Bélgica-Holanda, dos Champions y una Copa Intercontinental con la Juventus, tres Series A y una Liga francesa, una Copa Italia, una FA Cup. Una locura de tarjeta de presentación a la que se agregan ahora estos éxitos como director técnico.

Mediocentro de corte defensivo en el equipo de Aimé Jacquet, que ganó en casa el título ante Brasil, Deschamps se curtió en las duras lides del fútbol italiano en la Juve, donde tuvo a su cargo la misión de ascender a la Vecchia Signora a la primera división, luego del desastre del Moggigate; y estuvo al frente del Mónaco, con el que llegó a la final de Champions, perdida ante Oporto; y en el Marsella conoció la victoria a nivel local.

Todos los triunfos y todas las sensaciones exitosas se esfumaron cuando, en 2016, jugando en el Estadio de Francia, perdió la final de la Euro ante Portugal. Un gol de Éder, en reposición, privó a la selección gala de ganar la Euro en su casa, como todos habían anunciado. De aquel equipo, hace tan solo dos años, sobreviven en la formación que llegará a la final Lloris, Umtiti, Pogba, Matuidi, Griezmann y Giroud. Una base grande y poderosa.

Perder con Colombia en la etapa de amistosos premundialistas significó para Deschamps su momento más difícil en la carrera hacia Rusia. Controvertido por la afición, algunos importantes medios pusieron en duda su continuidad al frente de Les Bleus. Deschamps, de 49 años, nacido en Bayona, aguantó y pidió tiempo.

Francia es la imagen y semejanza de su adiestrador, un equipo camaleónico que hoy se pone la casaca de defensivista y se arropa al lado del gran Lloris y sus centrales que, por arriba, parecen impasables, pero fundamentalmente de su triángulo de marca en el centro del campo, donde Kanté, Pogba y Matuidi ejercen de fogoneros que todo lo quitan, todo lo cortan, todo lo destrozan para iniciar la segunda fase, la salida en contraataque orquestada por el talento de Griezmann y la velocidad en ejecución de Mbappé.

Dos años después del fracaso de la Euro, en Saint Denis, el fútbol le da revancha al glorioso Deschamps, el técnico que ha hecho de la victoria y el éxito una forma de vida.

 

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