Por: Mario Morales

Entre el optimismo y la ilusión

IGNORO SI FUE INTENCIONAL O POR inexperiencia. Con su proverbial desparpajo, a veces fuera de lugar, Armando Benedetti, presidente del Congreso, puso en su discurso del 7 de agosto los puntos sobre las íes (y sobre las jotas) al ex presidente Uribe por el país que dejó y al presidente Santos por el país que recibe.

Hubo ceños fruncidos y parece que hasta regaño de Uribe luego de que Benedetti calificara de escandaloso el desbalance social, de “abiertamente regresivas” las políticas para superar la inequidad y la pobreza y de agudo el deterioro de lo público.

Ese diagnóstico puso fin a los 48 días de luna de miel para Santos, objeto de una limpieza mediática sin precedentes, por culpa de la cual estamos confundiendo optimismo con ilusión.

El primero, entendido como una propensión a juzgar por el lado más favorable, es del 52% entre los colombianos, según la reciente encuesta de Gallup. Cabe por igual la lectura del vaso medio lleno o medio vacío.

La ilusión, o, como dicen los diccionarios, representación sin realidad, es entendible pero a construirla colaboran el deseo, la imaginación o el engaño de los sentidos; tiene efecto en el 76% de favorabilidad de Santos, que es un indicador completamente subjetivo.

La percepción favorable se extenderá un poco merced a dos actos simbólicos inmediatos que se traducen en las “sentadas” del gobierno con las Cortes y el gobierno venezolano. Sólo en el mediano plazo sabremos qué tanto mejoraron esas relaciones.

Pero los retos de la realidad para Santos son inmediatos y más complicados. Cauto, Juan Carlos Echeverry, nuevo minhacienda, le dice a Cecilia Orozco que el déficit, que está cerca del 4%, subirá pronto  por cuenta de la administración pasada, que no dejó recursos para el nuevo plan de gobierno, y que si no puede adicionar recursos, tendrá que aumentar la deuda en 2 billones de pesos.

Es la primera mala noticia. Pasada la “espectacularización televisada” de la posesión, viene el primer guayabo por cuenta del escaso 1,6% del PIB para inversión en 2011.

Le llegó la hora a Santos. Por eso, cierro  adhiriendo al principio que para la vida tiene su Minhacienda: “Hay que esperar lo mejor, pero preparase para lo peor”.

www.mariomorales.info y en Twitter @marioemorales

 

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