Por: Daniel Pacheco

Entre la consulta y la pared

El sorpresivo resultado de la consulta anticorrupción deja la política colombiana acorralada frente a una ciudadanía inconforme, activa, participativa y con ganas de venganza.

Sincerémonos: la consulta anticorrupción tuvo como gancho principal el bajar los salarios a congresistas, una medida que nada tenía que ver con la lucha contra la corrupción (y que algunos estudios sugieren puede ser incluso contraproducente). Sería interesante estudiarlo a fondo, pero lo de los salarios era la primera pregunta, fue el lema para atraer más de cuatro millones de firmas, y muy probablemente estuvo detrás de buena parte de los 11,6 millones de votos depositados el domingo. Y como la principal intención era castigar al Congreso, al menos no fue esta una consulta impulsada por la ingenua expectativa de que la corrupción se iba a acabar si resultaba aprobada.

Por eso es tan paradójico que la fuerza ciudadana que se agitó detrás de la consulta, lo que se siente como un coitus interruptus de la democracia, haya terminado ayer encauzado hacia el escenario donde los políticos tienen el control: el Congreso. A petición del presidente Duque, a petición incluso de las promotoras de la consulta, será el Congreso el escenario donde se resuelva esta fricción inconclusa o donde se diluya en una gran desilusión.

Está aún por verse si el ímpetu de la ciudadanía que salió a votar logra sobrevivir a las formas y los tiempos del Legislativo. Si el mensaje del 26 de agosto se sobrepone a otras agendas, como la de Cambio Radical, que avanzaba con varias iniciativas paralelas. Si en un acto de malabarismo el partido de gobierno, el Centro Democrático, el que habló de una “consulta engañosa”, donde hay facciones tan radicales que han sugerido que detrás de los 11,6 millones de votos hubo un fraude, logra contorsionarse hasta hacer suyo el mensaje del pasado domingo. Y falta ver si el Partido Verde logra ser una madre responsable de estos votos, resistiendo la tentación de continuar criando candidaturas con indignación.

Al presidente Duque le tocará hacer algo más que incluirse en el plural de los electores “que votamos” la consulta. Si su apoyo fue parco, el de su vicepresidenta, la autoproclamada líder de los temas anticorrupción, fue nulo, como el del resto del Gobierno. Además Duque le montó competencia precoz en el Congreso con sus propias medidas anticorrupción, las publicitadas en su discurso de posesión, y se quedó callado cuando su partido incumplió la instrucción que él había dado de apoyar la consulta.

El presidente no se va a salvar de la inconformidad expresada el domingo con simples llamados para hacer un “pacto por Colombia”. Ya hay signos de alarma temprana, con la encuesta de Yanhaas, donde cayó 12 puntos su aprobación. Y hacia delante el camino no es fácil. Tiene que presionar al Congreso para que apruebe las medidas anticorrupción, incluyendo la de congelar sueldos, sin el poder persuasivo de los puestos o los cupos indicativos. Y para lograr su pacto debe acercarse a la oposición, sin marginar a los sectores más radicales de su partido. Una disyuntiva que se refleja con nombre propio en la designación de Alejandro Ordóñez en la OEA, el procurador cuya elección fue anulada por nombrar a familiares de los magistrados que lo escogieron. Entre la consulta y la pared.

@danielpacheco

Le puede interesar: "Así lo roban en Colombia y usted ni cuenta se da" 

 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Daniel Pacheco

Tutelando el pacto de silencio

Aprovisionamiento de miedo

El pacto de Duque

De vuelta al “Estado de opinión”

Masticar el problema de la coca