Por: Enrique Aparicio

Entre la literatura y el vino de culebra

Acabo de terminar de leer un libro muy interesante de Fernando Savater, quien es escritor, periodista y filósofo.  Se nota que tiene un lenguaje culto que no utiliza para impresionar o para llenar al lector de basura. Aquí viven leones fue escrito en circunstancias especiales.  Sara, su compañera y esposa, con quien formaba un magnífico equipo de trabajo por lo que se puede leer de gran fuerza y unión, murió de una enfermedad muy dolorosa.  Abriendo su corazón al lector, Savater escribió sobre ella:

“Según algunas doctrinas orientales que llegaron hasta los griegos, nuestras almas transmigran después de la muerte a nuevos cuerpos.  Espero ese momento increíble, si me toca.  Entonces en esa otra vida buscaré a Sara y seguro que la encontraré porque ella también me estará buscando a mí.  Nos reconoceremos a través de las máscaras de esos rostros distintos, porque lo que nos une ha sido siempre más fuerte que las apariencias.   De nuevo juntos, continuaremos recorriendo lugares con genio para seguir contando la vida de los grandes escritores.  Y la nuestra”.

Volviendo al tema del libro, escrito a cuatro manos con su esposa, presenta varias minibiografías de autores importantes.  Para ello visitaron las ciudades donde habían nacido y vivido William Shakespeare, Ramón del Valle-Inclán, Edgar Allan Poe, Giacomo Leopardi, Agatha Christie, Gustave Flaubert, Alfonso Reyes y Stefan Zweig.  Me gustó su peregrinaje a los sitios donde vivieron y así tener una idea más cercana de cada autor para poder comprenderlos mejor.

El tema que me brinca aquí es nuestra falta de conocimiento de otros mundos, otras culturas y formas de pensar diferentes. Somos refractarios a otra lógica, a otro lenguaje corporal.  Juzgamos de inmediato lo que vemos, no lo que sentimos. Por ejemplo, quien haya estado en India se puede quedar con la única idea de cordones de miseria en ciertos lugares, pero deja a un lado la historia de este país, sus líderes que han cambiado al mundo, su comida exquisita, sus formas para relacionarse con otros pueblos. Nace así un juicio negativo que nos lleva a medir con la misma vara todo lo que es indio.  

Hablando de formas de pensar y actuar, China siempre ha sido para mí una debilidad.  He estado varias veces. En uno de los viajes terminé visitando, en la China profunda, una ciudad a la que los locales les gusta ir de vacaciones. Se llama Guilin y está limitada por el inmenso río Li. Desde un bote turístico pude admirar el paisaje lleno de colinas muy grandes que lo hacen muy especial.  Fue allí donde, llevado por las circunstancias, me tocó probar vino de culebra, también hay de escorpión y el resto.  Par traguitos de vino donde la piel de la serpiente ya se estaba deshaciendo no fueron obstáculo para pensar que cada cual tiene sus gustos e imaginarme el guayabo que tendría al día siguiente (ver YouTube).

En los retazos de YouTube tomé el vino, un osito panda —animales muy delicados—, servicio de almuerzo en el río Li, y una familia de micos.

https://youtu.be/zcD2SHX3p8E

Nota sobre el artículo de la semana pasada: Como lo anotó un lector, Picasso era de Málaga (andaluz) y no de Barcelona (catalán). Este error se me coló en la redacción.  

 Que tenga un domingo amable.

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