Por: Mauricio Botero Caicedo

Entre la papa y la gasolina

EN LA CONVENCIÓN BANCARIA EN Cartagena, José Darío Uribe, gerente del Banco de la República, expuso tres tesis. La primera es que para tener tasas de interés bajas y estables, de manera sostenida, es necesario conservar una inflación que tenga iguales características: baja y estable.

La segunda es que la política monetaria no tiene que responder de forma directa a la reacción del precio internacional del crudo. Y la tercera es que el Emisor no debe responder a coyunturas como el fuerte incremento en el precio de la papa, que está pesando de manera importante en la inflación. Según Uribe: “Esos son choques transitorios. El fuerte aumento en el precio de la papa estimula la siembra y luego, en la medida en que se normalicen, veremos rebajas en su valor”.

Lo que Uribe está planteando es que las alzas de los alimentos son un fenómeno coyuntural cuya cura son los mismos altos precios, que a su vez incentivan a mayor producción y al restablecimiento del equilibrio entre la oferta y la demanda a precios más bajos. Uribe cita el ejemplo de la papa, pero es de elemental lógica que su argumentos son igualmente válidos para los otros productos agrícolas.

En el caso del petróleo y su principal derivado, la gasolina, el gerente del Emisor no es tan concreto, limitándose a afirmar que el Banco no debe responder de forma directa a las alzas del crudo. La pregunta que queda en el aire es si debe es responder de forma indirecta.

Es decir, si lo que las alzas en el petróleo están haciendo es aumentar las expectativas de inflación, este aumento debe ser tenido en cuenta por la política monetaria. Como la tasa de interés es una de las pocas, por no decir la única herramienta que tiene el Emisor para controlar la inflación, la lógica conclusión es que el Emisor debe mantener altas las tasas, inclusive aumentarlas.

Se pregunta uno si los cambios en las tasas de interés van a modificar el precio del petróleo. ¿Acaso el fenómeno del petróleo no es en buena parte coyuntural y no estructural y al igual que la papa la única cura para los altos precios son los altos precios que inducen a menos consumo y mayor producción? ¿Cuál es la justificación para seguir manteniendo las tasas de interés a un nivel que no corresponde a las verdaderas necesidades de el país?

En Estados Unidos el aumento del precio de la gasolina ha cambiado la rutina de la gente, que ahora se moviliza en bicicleta o en transporte público, trabaja desde la casa o menos días a la semana. Uno no ve al señor Bernanke, presidente de la Reserva Federal, corriendo a subir las tasas por miedo a que el precio de la gasolina vaya a crear expectativas inflacionarias. Por el contrario, la Reserva Federal ha bajado las tasas lo más que ha podido para evitar profundizar la recesión. En Colombia el efecto de los altos precios de la gasolina es que el consumo ha disminuido en el 3,7%.

El injustificado diferencial entre las tasas externas e internas es el principal responsable de la avalancha de dólares en busca de mejores rendimientos. La revaluación del peso es un fenómeno complejo que sin duda está relacionado con la propia debilidad del dólar, el inflexible gasto público y las inmensas inversiones en el sector minero, pero los especuladores son los primordiales causantes de dicha revaluación.

Uno de los temas que no mucha gente entiende es que la revaluación no afecta exclusivamente a los exportadores. Aquí van a pasar aceite no sólo los floristas, los cafeteros, los bananeros y los confeccionistas, sino todos los productores de bienes transables, que verán sus mercados inundados de productos importados.

Llegó el momento de que el Emisor empiece a bajar las tasas de interés y que el Gobierno ponga en cintura a los especuladores. No hacerlo sería una irresponsabilidad histórica.

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