Por: Juan Manuel Ospina

Entre la torpeza política y el lugar común económico

Al presidente Duque le están quedando grandes dos temas, por los que parecía que se iba jugar a fondo y así mostrarle su garra de gobernante a un país escéptico. Se trata en primer lugar de la ofensiva contra la corrupción, para lo cual lideraría un gran pacto nacional respaldado por un grito ciudadano de rabia y rechazo; fue un promisorio arranque, pero el presidente lo abandonó en las primeras de cambio, dejando su valiosa iniciativa en manos de la ministra del Interior, que ha resultado menos que discreta para enfrentar un Congreso en el cual ni la oposición se pone de acuerdo y donde las propuestas gubernamentales se disuelven hasta volverse inocuas. En segundo lugar, está la infaltable reforma tributaria cuyo recorrido histórico el país ya conoce: nace con mucho despliegue como la reforma estructural que Colombia finalmente va a tener, y acaba reducida a un articulado sin mayor coherencia y simplemente fiscalista, alcabalera como se decía antes. Y acá, al revés de lo sucedido con la anticorrupción, ha sobrado ministro y ha faltado presidente. Es diciente la doble columna que le han hecho a sus promesas electorales y a sus propuestas de gobernante.

De entrada puede decirse que respecto al punto álgido y central del proyecto, la extensión del IVA a casi el 50% de los bienes de la canasta familiar, los no incluidos, la propuesta gubernamental es no solo una torpeza política sino que cae en un lugar común defendido por economistas ortodoxos disciplinados por los organismos financieros internacionales, por cuyos corredores suelen pasearse con alguna frecuencia.

Una torpeza política porque dadas las necesidades del Gobierno no tiene sentido rebajar dos puntos del IVA cuyo incremento le resultó políticamente caro al anterior gobierno. Es rebajar el recaudo fiscal cuando se trataría de aumentarlo. Su generalización al conjunto de la canasta familiar subestima el efecto regresivo de la medida para los consumidores más modestos, que no compensaría una hipotética e inane devolución a esas personas del mayor precio de sus bienes necesarios o básicos; lo único seguro es que esos bienes necesarios le costaran más al consumidor, reduciéndole su capacidad de compra efectiva, léase su nivel de vida, a la par que generaría una subida en los precios de la canasta básica con la consiguiente contracción en el consumo; ambos cambios se darían inmediatamente después de entrar en vigor la ley.

Unos puntos interesantes pero tímidos que avanzan en la dirección que contiene el proyecto gubernamental son la disminución de tres puntos en el impuesto de renta en cabeza de las empresas y la recuperación del valor del IVA por la compra de bienes de capital, con el propósito de estimular una inversión empresarial que ante todo lo que requiere es una demanda interna y externa dinámica, al no depender fundamentalmente de la tributación empresarial. Revive por cuatro años el impuesto al patrimonio de personas naturales. Aumenta la progresividad impositiva para los declarantes con ingresos superiores a 35 millones de pesos mensuales, al pasar la tasa impositiva del 33 al 35 y 37%, que se complementaría con una reducción en cinco puntos del tope de las deducciones de impuestos sobre los ingresos netos, y una simplificación tributaria especialmente para los empresarios medios; le apuesta duro al impacto en el control de la evasión del recaudo electrónico que debe enfrentar el desafío de la informalidad y la precariedad con que aún se realizan en el país muchas transacciones.

Nada se plantea sobre la corrupción presente en el ámbito fiscal, a pesar de ser uno de sus temas bandera como ya dijimos, ni sobre lo que tantas veces se ha planteado, su penalización. La evasión no encontraría en la ley presentada su tatequieto, pues la norma tributaria, como bien lo expresa Salomón Kalmanovitz, seguirá siendo “un colador aprovechado por los más ricos” mientras que el país requiere con urgencia “una ley tributaria rigurosa, igual para todos, sin importar el capital o la tierra de cada cual”.

Y mientras tanto, el presidente ausente y sin prensa, viajando cuando no toca y a donde no es prioritario.

 

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