Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Entre Peñalosa y Cundinamarca falta DNP

El enfrentamiento entre Peñalosa y los alcaldes de los municipios vecinos, liderados por el gobernador de Cundinamarca, es un enfrentamiento de poder e intereses locales, y no un cuestionamiento a la megaciudad.

Si revisamos la evolución de esas diferencias —para lo cual sugiero leer la síntesis que hace La Silla Vacía en su artículo “Cundinamarca: El nuevo frente de batalla que se le abre a Peñalosa”—, vemos que la confrontación surge de la manera como ha procedido Peñalosa con su propuesta. La conectividad, incluyendo la infraestructura para su desarrollo, es lo que ha dominado el tira y afloje entre las partes.

A mi modo de ver, el punto neurálgico es aquel a que hago referencia en mi artículo de la semana pasada: “¿Tamaño ideal de una megaciudad-región?”. Este aspecto, no se toca en la controversia entre el Distrito Capital y la región. Todo parece indicar que, Peñalosa a su manera y los otros a la suya, quieren extender la megaciudad. Y dado que su expansión genera valorización del suelo y requerimientos de transporte, unos y otros quieren capitalizar económica y políticamente estos fenómenos.

La controversia hay que focalizarla en los aspectos sociales, el abastecimiento de agua y la sostenibilidad ambiental de esa megaciudad. Es imperativo que la CAR lidere una investigación que dé respuesta a la pregunta crítica: ¿de dónde saldrá el agua para la expansión de la megaciudad que incluiría Bogotá, Mosquera, Facatativa, Soacha, Cota, Funza, Chía, Cajicá, Sopo, La Calera, Tocancipá y Gachancipá? También debemos preguntarnos por qué debemos acabar con las mejores tierras de la Sabana de Bogotá para construir una ciudad que no solo impide la producción agropecuaria, sino que impermeabiliza los suelos, con lo cual disminuye la recarga de los acuíferos subterráneos de los cuales se piensa abastecer parcialmente esa misma población urbana.

Que Peñalosa no haya construido consenso respecto a su propuesta de ciudad-región es una excelente circunstancia que obliga a que sea el Departamento Nacional de Planeación (DNP) la institución que entre a liderar la reflexión y a hacer propuestas de política pública para mediar la relación entre el Distrito Capital, los municipios vecinos, la megaciudad y el desarrollo de un país que está proponiendo la descentralización para la construcción y la consolidación de la paz.

Por límites naturales, sociales y sus efectos ambientales, la expansión poblacional de la megaciudad no es deseable y se debe apoyar el crecimiento de otras ciudades (Cali, Barranquilla, Villavicencio, etc.). Pero mientras se logra consenso respecto a este propósito, debemos manejar de la mejor manera su crecimiento, buscar alternativas para hacerlo lo más sustentable posible y disminuir sus efectos negativos.

La forma como se está dando la expansión urbana de Bogotá y los municipios vecinos está construyendo un gran caos. En esto tiene razón Peñalosa y no vemos una respuesta articulada y sostenible desde Jorge Rey y sus alcaldes. Todos, incluido Peñalosa, parecen estar pensando más en la valorización del suelo mediante la modificación de sus POT, que en el bienestar de los ciudadanos y en los límites ambientales del crecimiento urbano sobre la Sabana de Bogotá.

*Miembro Consejo Nacional de Planeación @Juparus

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Pablo Ruiz Soto

Legislación ambiental, no referente ético

Ambiente medio para un clima caliente

El clima alerta a Estados Unidos

Cuencas, aguas y Plan de Desarrollo

Reformando las CAR