Por: Augusto Trujillo Muñoz

Entre Trump y Maduro

La sobreideologización del siglo XX no sirvió sino para polarizar el planeta. Lo enfrentó a la carnicería de dos guerras mundiales y a ‘purgas’ dictatoriales masivas. De allí brotaron los fascismos y los comunismos, con su vocación bélica y su afán absolutista. Más tarde la guerra fría consolidó, falsamente, un mundo binario: buenos versus malos, es decir, capitalismo versus comunismo.

El colapso del socialismo y la caída de la Unión Soviética marcaron el inicio de una nueva era que, en principio, abrió horizontes esperanzadores para las democracias liberales. Sin embargo, a poco andar, mostró nuevos peligros. Hoy el mundo se enfrenta a una amenaza, tan tribal y autoritaria, como excluyente y dañina. Cabalga sobre la demagogia y carece de sustento doctrinario: Son los populismos.

Los populismos también polarizan. No se conectan con ideas sino con sentimientos y, por lo tanto, son maniqueos: Dividen entre buenos y malos, pero se niegan a aceptar que el mundo del siglo xxi no es binario sino polifacético, plural, heterogéneo. No está constituido por dos ideologías, sino conformado por múltiples culturas, cada una de ellas con pleno derecho a que se le respete su propia visión de la vida.

Cuando se proclaman de izquierda o de derecha, los populismos quieren vestirse con ropaje ideológico, sin reparar en que esas dos expresiones perdieron todo el sentido doctrinario que tuvieron en el pasado. Por eso no apelan a tesis, sino a pasiones. Por eso privilegian soberanía sobre solidaridad. Por eso prefieren vencer a convencer. Eso es lo que convierte a Trump y a Maduro en las dos caras de la misma moneda.

Trump ha trivializado el gobierno y ha entronizado el insulto. A juicio del profesor de Harvard Steven Levistsky, “carece de formación y de madurez para ser presidente y tiene instintos autoritarios”. Trump es populista como Berlusconi o como Nigel Farage, el ex líder del Brexit. Como los Kirchner, que defendían una posición o su contraria, dependiendo de la circunstancia política. Y, por supuesto, como Nicolás Maduro.

Maduro también trivializó el gobierno y entronizó el insulto, Carece de formación y de madurez para ser presidente y cubre sus carencias con autoritarismo. Hace poco agravió al periodista de Univisión Jorge Ramos, como ya lo había hecho Trump con el periodista Jim Acosta de CNN. Maduro cierra fronteras en cada rabieta y Trump quiere cerrar para siempre la suya con México, en permanente rabieta contra los inmigrantes.

La tragedia del populismo es que, fatalmente, genera tragedias políticas. Como se nutre de las pasiones produce sentimientos agresivos, que son la materia prima de las guerras. Al lado de Trump están figuras tan peligrosas como John Bolton, el cerebro de la invasión a Irak, y Elliott Abrams, una especie de Fouché gringo que fue condenado por el escándalo Irán-Contra. Pero Cabello, Padrino y sus secuaces no se quedan atrás.

Colombia se ha convertido en cabeza de playa de una escalada política vestida de ayuda humanitaria. Ojalá nuestra cancillería, que ha sido históricamente débil, preserve la autonomía nacional. No es coherente arroparse con la cobija de un presidente populista que se enfrenta al dictador de Venezuela, pero se abraza con el dictador de Corea.

@Inefable1

* Exsenador, profesor universitario.

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