Por: Mauricio Botero Caicedo

Entre un país y un hogar…

MARGARET THATCHER AFIRMABA que si ella había sido capaz de manejar un hogar, cómo no iba ser capaz de manejar Inglaterra. Nada equivocada estaba la señora Thatcher, con la diferencia de que las amas de casa, para equilibrar los ingresos contra los gastos, son bastante más efectivas y responsables que los países.

Grecia es el típico caso en que una sencilla ama de casa hubiera detectado que los egresos superaban con creces a los ingresos; y por ende la necesidad, sin dilaciones, de imponer medidas de austeridad. Durante dos décadas Grecia edificó un ‘Estado benefactor’, otorgando subsidios y prebendas que no correspondían a la capacidad de su economía de generar ingresos que sustentaran el nuevo tren de gastos. Grecia hizo lo que hicieron la mayoría de los países que hoy enfrentan tormentas económicas: acumular un déficit inmanejable en la cuenta corriente y acopiar una carga de deuda externa imposible de atender. La realidad es que (omitiendo momentáneamente  la nueva ayuda de 12 mil millones de euros, paliativo temporal que requerirá una austeridad aun mayor), las medidas de austeridad que urgentemente requiere Grecia no van a resultar ni política ni socialmente aceptables ni sustentables. Como bien lo señala el profesor Dani Rodrick: “La historia sugiere que hay motivos para el escepticismo. En una democracia, cuando las demandas de los mercados financieros y los acreedores extranjeros chocan con las de los trabajadores, los pensionados, y la clase media del país, suelen ser los locales los que tienen la última palabra”. En otras palabras, las posibilidades de que Grecia se amarre los pantalones son bastante remotas.

En el otro lado de la moneda, cuando una ama de casa enfrenta un notorio desajuste entre las entradas y los compromisos, reduce de inmediato lo superfluo e introduce en el hogar todo tipo de ahorros y economías, desde la eliminación de los gastos suntuarios, hasta posponer, si los remiendos se pueden aplicar, la compra de ropa nueva. Para una ama de casa la última palabra no la tienen ni los lamentos del marido, ni mucho menos los quejidos de los críos: cuando es necesario imponer austeridad, a las amas de casa no les tiembla la mano. Por el contrario, a los políticos, a los sindicatos, y a los burócratas, les tiembla algo más que la mano cuando se tienen que bajar del bus de las prebendas y privilegios.

Colombia no está en la misma situación de Grecia, pero puede estarlo en un futuro no muy lejano. Para el connotado politólogo Andrés Mejía Vergnaud: “Grecia es la materialización de las consecuencias económicas de lo que se ha llamado nuevo constitucionalismo”, y que de manera tan fuerte ha influido la interpretación de nuestra Carta Magna. En esa doctrina hay un eje según el cual no puede haber limitación admisible a los llamados “derechos económicos”, en particular cuando ellos son objeto de reclamación judicial. Ni siquiera el hecho de que tales condiciones requieren algún financiamiento, y que los recursos para hacerlo pueden ser escasos, y que su distribución a las necesidades sociales debería hacerse en un proceso más racional. Ellos han promovido la mentalidad según la cual, por el simple hecho de que la Constitución consagra dichos “derechos”, no ha de admitirse ninguna limitación de ellos, y ni siquiera es válido indagar por el modo como se financiará su cumplimiento. El presidente Santos en días pasados hace un llamado de alerta sobre el costo de las pensiones que ponen en peligro la estabilidad financiera del país. No puedo estar más de acuerdo con el primer mandatario y con Mejía Vergnaud.

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Apostilla: Excelente la propuesta del experto internacional, Prabhat Jha, de triplicar los impuestos a los cigarrillos para disminuir el consumo.

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