Por: Cecilia Orozco Tascón

La enviada de Ordóñez, al desnudo

“¡No es cierto!” Tajante, casi agresiva, la viceprocuradora general Martha Isabel Castañeda, segunda de Alejandro Ordóñez, contestó el interrogante que le hizo la representante Angélica Lozano: “quiero preguntarle, señora viceprocuradora, si usted se presentó (en la Cámara) a las 5 de la tarde, buscando que se reabriera la sesión de conciliación de (la reforma) de equilibrio de poderes para exigir que se le diera fuero al señor procurador general de la Nación”.

Lozano la confrontó, frente a sus colegas del Congreso, por el run run que se había empezado a regar en los corrillos del Capitolio, cuando se cerró la discusión entre los conciliadores del proyecto. Todos estaban allí mientras la mesa directiva decidía si la votación se realizaba esa misma noche o se aplazaba para esta semana. La viceprocuradora que, cada vez más, hace demostraciones públicas de su impaciencia ante el control social a que están sometidos, gústeles o no, los funcionarios del Estado, pidió contestar desde el atril de los oradores.
 
Con voz fuerte y gesto desafiante respondió: “llegué hasta la Secretaría (de la Cámara), me saludé con unos senadores que estaban allí pero, ¡no es cierto! Y menos aún, que yo hubiese tratado de influir (en ellos)”. Según contaron quienes la vieron y escucharon antes de esta declaración, la señora Castañeda  llegó bufando al Congreso: gritaba que cómo iban a dejar sin fuero (para ser juzgado por un tribunal especial) al procurador, y que las comisiones que conciliaban el texto de la reforma tenían que volver a reunirse para incluir a su jefe entre los aforados. Como sus ‘órdenes’ no fueron atendidas por los primeros que la escucharon,  -y no por falta de poder intimidatorio de Ordóñez sino porque, en este tipo de trámites legislativos, el reglamento no permite reiniciar discusiones después de concluidas-,  la energúmena funcionaria se dirigió a la Secretaría de la Cámara en donde ‘encontró’ a varios senadores que, oh coincidencia, habían hecho parte del núcleo de conciliación ¿Qué les dijo?
 
La respuesta a lo sucedido, en ese momento, entre Castañeda y los senadores, surgió de uno de los que estaba  ahí. Se trata del senador Hernán Andrade quien, desprevenidamente y sin conocer las afirmaciones de la viceprocuradora, le contestó a una reportera de Noticias Uno: “cuando ya se había votado la conciliación, hubo observaciones por parte de la viceprocuradora de que ellos hubieran preferido, la Procuraduría General y el procurador, que él hubiera quedado aforado. Pero ese episodio (artículo de los fueros) ya se había votado en la comisión de conciliación…”  Afortunadamente, las discusiones en las plenarias de Cámara y Senado se graban íntegramente. Por tanto, la intervención de la señora Castañeda se puede ver y oír cuando uno quiera. Esto es lo usted escuchará: “En cuanto a su pregunta, señora representante, qué pena, pero usted puede indagar que yo no me dirigí aquí a reunirme con la comisión. Tengo entendido que usted hace parte de esa comisión y usted podrá decir si yo en alguna oportunidad la he buscado para algún tema… usted puede ser testigo: jamás fue abordada por mí”.
 
A Castañeda le faltó recordar el refrán popular que indica que nadie se atreve a proponerle un torcido a un honesto: el mono sabe en qué palo trepa. La viceprocuradora, que no pocas veces actúa como procuradora general encargada, por ejemplo, para amenazar al investigador de Jorge Pretelt, protegido político de Ordóñez,  mintió. Y por si fuera poco, hay testimonio de su intento de influir ante los parlamentarios a quienes puede intimidar puesto que el procurador es el juez de los congresistas con capacidad de expulsarlos de su carrera, como lo hizo con Piedad Córdoba: ¿cuántos delitos podrían investigársele a la pomposa viceprocuradora a propósito de este episodio, si estuviéramos en un país serio? Se me ocurren dos: constreñimiento y tráfico de influencias.   

 

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