Por: Columnista invitado

Equidad en los parques nacionales

El Parque Nacional Tayrona es el lugar más bello de Colombia y dentro del parque el sector de Arrecifes es, probablemente, el sitio más bello del mundo.

Al mismo tiempo, Colombia es uno de los países más inequitativos del planeta y la región Caribe es donde la pobreza y la desigualdad son más grandes. ¿Podrían los parques nacionales hacer algo al respecto?

Se dirá que esa no es su función; sin embargo, la Constitución Nacional establece que la propiedad es una función social que implica obligaciones y como tal le es inherente una función ecológica, y el Código de Recursos Naturales Renovables y Protección al Medio Ambiente dice que el ambiente es patrimonio común y que la ley debe lograr la preservación y restauración del mismo según criterios de equidad que aseguren la “máxima participación social”.

Cobrar miles de dólares por dormir en el Tayrona no parece un proyecto razonable; con el tiempo, los deseos de maximización de las ganancias disminuirían los atractivos del lugar y podrían deteriorar sus estructuras ecológicas. Los visitantes pobres, los que dormirían en carpas junto a los bellos hábitats de los ricos, no entenderían esa maximización de la injusticia. El parque se convertiría en instrumento de segregación social.

En realidad, si el Estado no puede cuidar el lugar más bello del mundo, algo está mal, pero para aportar ideas podríamos imaginar escenarios en donde ese sitio fuera un instrumento de sostenibilidad apoyado por unos y otros. Una posibilidad sería acentuar la función investigativa del parque y ligarla a la promoción de la innovación. El enorme atractivo de Arrecifes podría aprovecharse para invitar a científicos e inventores de gran prestigio internacional a dialogar y trabajar con profesores y estudiantes colombianos.

Otra alternativa sería considerar a Arrecifes como un espacio modelo de integración social y encontrar los mecanismos financieros y las formas de diseño que facilitaran encuentros entre personas de diferente estrato en condiciones de perfecta igualdad. Cualquiera de estas dos últimas alternativas tendría mayores beneficios sociales inmediatos y, posiblemente, muchas más grandes ganancias económicas y ecológicas en el mediano y largo plazo.

 

* Julio Carrizosa Umaña, Exdirector del Inderena y del Instituto Geográfico Agustín Codazzi.

 

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