Inicia el ciclo del nuevo Congreso de la República

hace 1 hora
Por: Armando Montenegro

Equinoccio de otoño

A medida que se aproxima la mitad del gobierno y cifras claves de las encuestas de favorabilidad también convergen hacia el 50%, algunas circunstancias están cambiando de signo y se perciben señales de que ciertas cosas pueden ser diferentes en los meses por venir.

El crecimiento económico, que en 2010 y 2011 se reactivó por la recuperación de la economía mundial, ahora sufre con la desaceleración externa. Europa ha entrado en recesión, Estados Unidos ha perdido vapor y se ha desacelerado la economía china. La situación es incierta. Los analistas, poco a poco, reducen sus predicciones, al ritmo de los sucesivos anuncios negativos.

La crisis desatada por la reforma a la justicia creó tensiones al interior de la coalición de gobierno. Para salvar la cara por un pecado consentido que quiere que olvidemos, el Gobierno les echó el agua sucia a unos cuantos bribones de su coalición mayoritaria. Las heridas causadas por este incidente, sin duda, dificultarán el manejo legislativo de la segunda mitad del gobierno.

Desde hace semanas, poco a poco, han venido alineándose los bandos que se enfrentarán en la próxima contienda electoral: Santos, Uribe (a través de un candidato como Óscar Iván Zuluaga) y un independiente (que puede ser Navarro). Y la campaña de reelección de los parlamentarios se ha agitado por la expectativa de una posible lista de Senado encabezada por el propio Uribe, con posibilidades de alcanzar varios escaños. Como el país político estará metido, de lleno, en la campaña a partir del segundo semestre, todo lo que se haga y lo que se deje de hacer en el Gobierno y el Congreso tendrá implicaciones electorales.

Cuando se miran en conjunto estas circunstancias surgen algunas conclusiones sobre lo que se podría observar en materia de las políticas públicas en los próximos meses.

Si se profundiza la desaceleración económica, el Gobierno impulsará con mayor decisión la expansión monetaria y la devaluación, entre otras cosas porque sus propios ingresos, afectados por los bajos precios de los commodities, se beneficiarían con un dólar más costoso. La preferencia por la laxitud monetaria surge también de la certidumbre de que su escasa capacidad de ejecución limita las posibilidades de una política anticíclica basada en la inversión pública.

Dado que el Ejecutivo ya no dispondrá del mismo margen de gobernabilidad, es previsible que algunas de las reformas, cuya aprobación requiere de una coalición política disciplinada, se posterguen hasta el año 2014. Seguramente no se presentará la misma reforma tributaria que se discute en la actualidad (es posible, más bien, que el Gobierno se contente con impulsar una iniciativa que pise menos callos y se limite a resolver los problemas inmediatos creados por la expiración del impuesto al patrimonio y el 4 por mil). Así mismo, es previsible que iniciativas como la necesaria reforma pensional o el ajuste estructural a la salud salgan por un buen tiempo de la discusión pública.

También es posible que para acomodarse a las nuevas realidades políticas, el Gobierno reduzca el talante tecnocrático de algunos de sus ministerios y departamentos administrativos. El ajuste de las cuotas de algunos partidos y regiones exigirá que se vinculen personas con capacidad de solidificar los vínculos de algunos grupos con el Ejecutivo.

Después del equinoccio, las cosas no serán como antes. 

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