Por: Hernán Peláez Restrepo

Era hora

Sí, era hora de que el Deportivo Cali aprovechara el hermoso estadio que tiene.

Porque estaba por entrar al grupo de las obras arquitectónicas denominadas “elefantes blancos”. Su público asistió esperando empezar a degustar el juego del equipo armado por el Pecoso Castro, un técnico ganador, como lo fue hace años en el mismo club.

Ganó en un disputado partido a la Equidad, que plantó cara la derrota desde el comienzo. El primer tiempo, mucho mejor que el segundo, tuvo un ritmo y una dinámica, que por esas mismas razones se vuelve impreciso, aunque ya sabemos que la gente paga la entrada para ver ganar a su cuadro. A veces a como dé lugar, sin importar el cómo.

Creo que la impronta del Pecoso Castro aún no se palpa en el funcionamiento. Es más, en la complementaria, con el ingreso de Andrés Pérez y no razón principal, el Cali jugo mucho más lento, excesivamente pausado, desaprovechando los movimientos eléctricos que tienen sus delanteros, Preciado y Murillo. Para refrendar lo anterior, cuando entró Luis Fernando Mosquera, el Cali decididamente quiso administrar el ritmo, y eso que jugó gran parte del partido con uno más por expulsión de Ayala de la Equidad. El segundo gol apareció cuando Novoa dio rebote de balón y Murillo aprovechó. Ya no decía mayor cosa porque el juego estaba controlado por los caleños en el 1-0.

Me parece que lo mejor es ver cómo el Cali tendrá su estadio como casa por fuerza mayor, si se quiere (el Pascual Guerrero está comprometido para el Mundial Juvenil de Atletismo), y su público se las ingeniará para llegar allá, sin esperar que las autoridades terminen las obras, como vías de acceso y otras.

Partido bueno en el primer tiempo, lento en el final, con varios jugadores para aplaudir, como Candelo, Hernández, Mota y Dager Palacios. Y un reconocimiento: segundo juego en el que veo que la Equidad tiene forma y estilo interesante.

 

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