Por: Ricardo Bada

Erich Fried (m. 22-11-1988)

Sin duda alguna que en castellano, y hasta la llegada de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada, los poemas de amor que se transmitían de generación en generación eran los de Bécquer. No sólo por ser de amor, sino por ser poesía en estado puro.

¿Y en alemán? ¿Qué poemas de amor son los que se leen, se copian y se envían los enamorados? Cierta vez me planteé yo mismo la pregunta porque una amiga alemana jovencísima me escribió desde Hamburgo: estaba enamorada de un español que no sabía alemán y le gustaría enviarle algún poema de Erich Fried que yo tuviese traducido, si es que los tuviere.

Y sí, tengo traducidos muchos poemas de amor del gran poeta que nos abandonó hoy hace 25 años y que en español sólo es conocido, si es que se lo recuerda, por su poesía comprometida, de combate. Es muy curioso y al mismo tiempo muy deprimente lo que sucede con este autor, pero no es el único. Hasta del propio Rubén Darío se cita más su aguerrida oda A Roosevelt que un madrigal tan precioso como A Margarita Debayle.

Confieso, sin embargo, que al reojear un volumen con una antología de los poemas de amor de Erich Fried, tan ignorados en nuestro idioma, lo que he descubierto, mejor dicho, redescubierto, son algunos de sus epigramas, que no sé cómo es que se han escondido allí. Por ejemplo éste, titulado Especialidades inglesas:

“En Inglaterra a la sodomía / se la llama bestialismo / al amor con animales / se denomina bestial // Según eso a un perro / que se ama con su ama / y en Inglaterra sucede / hay que llamarlo humanista”.

Asimismo especialidad inglesa el epigrama en la siguiente página de la antología: Encuesta en los sanitarios del British Museum:

“‘Who would you like / to do it with?’ / decía en la pared // ‘With little boys’ / ‘With schoolgirls!’ / Ambas estaban tachadas // ‘With Princess Margaret!’ / ‘Me with the Queen!!!’ / y en alemán ‘Mit Gott’ // Mas una flecha encima / lo señalaba diciendo: ‘You fucking saint!’”.

Y hay un tercer epigrama de Fried, y con él termino, protagonizado por un gran escritor homosexual francés, André Gide, protestante, Premio Nobel y creador de la Nouvelle Revue Française. Un epigrama que es una delicia de maldad y de picardía. Y que dice así:

“Al muchacho encontrado en un cine / André Gide le confesaba / en la cama o de mañana / tras una noche de amor: // Puedes decirle a tus amigos / que has dormido con un hombre famoso / con un escritor / Me llamo François Mauriac”.

Innecesario explicar donde reside la maldad, pero por si acaso: François Mauriac, también Premio Nobel, era católico y heterosexual. El epigrama se titula, programáticamente, De la pederastia como arma.

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