Por: Uriel Ortiz Soto

Erradicación y sustitución

Es preocupante el informe que acaba de presentar la oficina de Naciones Unidas de lucha contra el Delito y el Crimen, Unodc,  cuando manifiesta que el cultivo de la hoja de coca en Colombia aumentó en un 27% en relación con el año 2007.

Según los informes en la actualidad existen 99.000 hectáreas de hoja de coca cultivada. Bolivia y Perú que también reciben recursos del gobierno de los Estados Unidos para programas de lucha contra los ilícitos tuvieron un aumento moderado en el mismo año en relación con Colombia.  Valdría la pena que las autoridades aclararan cuanto antes la cifra real de las áreas cultivadas, que de por sí es asunto bien delicado.

Estando en plena campaña electoral en los Estados Unidos, no es buena carta de presentación para que el próximo presidente electo, sea quien fuere, ayude a nuestro país en la lucha contra el narcotráfico. De otra parte, el TLC entrará nuevamente por este motivo en una etapa de indecisiones y es muy posible que vuelva a ser el motivo de debate para que los demócratas aplacen su aprobación indefinidamente o nieguen su aprobación final.

No olvidemos que una de las banderas del actual gobierno, es el de la lucha contra el narcotráfico, que alimenta financiera y logísticamente a la: guerrilla, para – militarismo, corrupción y delincuencia común organizada. El cerebro financiero que promueve estas cuatro calañas es producto del comercio de la cocaína, amapola y últimamente la marihuana que parece está asomando de nuevo, blandiendo la bandera del olvido y los nefastos recuerdos para posicionarse de las regiones donde no le son hostiles a su cultivo, consumo y comercio.   

Confiamos en que estas cifras suministradas por la Unodc, no sean las reales y obedezcan más bien a montos globales de los últimos años. Esperamos que se oficialice mediante un comunicado pero con soportes de cifras contundentes y definitivas. De lo contrario, es doloroso tener que decirlo, pero, hemos perdido el tiempo en los programas de erradicación y sustitución de cultivos ilícitos. Sería procedente que el gobierno hiciera un replanteamiento sobre la estrategia utilizada hasta ahora en estos programas. No olvidemos que son miles y miles de millones de pesos lo que se han invertido siendo el mayor aporte del gobierno Estadounidense.

Todo indica que en los programas de erradicación de cultivos ilícitos se ha improvisado mucho, hasta ahora no se conocen estudios serios que demuestren cuales son los productos de sustitución, ningún organismo ha mostrado a la opinión pública qué proyectos productivos son propios de las regiones de donde se está erradicando la hoja de coca. El mapa de producción de hoja de coca, debe estar cubierto por un cultivo bandera, previamente concertado y subsidiado con quienes son sus cultivadores y productores.   

Si los programas de erradicación de cultivos ilícitos no van acompañados alternativamente con programas de: motivación, concientización y sustitución, es muy difícil que se logre minimizar lo que tanto dolor y lágrimas nos ha causado en los últimos treinta años. Hay que aceptar que en varias regiones de los territorios nacionales con sus respectivas generaciones de la década de los años setenta hasta el presente, no han tenido otro cultivo rentable distinto que al de los ilícitos.

Pretender erradicar de buenas a primeras lo que ha sido el medio de subsistencia para la familia y de generación en generación por muchos años, es bastante difícil. Para que estos programas de erradicación tengan sus efectos sociales sin resentimientos, frustraciones, rencores y venganzas, se requiere crear una nueva cultura: La cultura de la licitud. Pero generando desde luego nuevas oportunidades con programas de cultivos de sustitución con mercado asegurado.   

Son miles los habitantes de las comunidades cultivadoras y productoras de ilícitos, que han entrado en razón y están listas a iniciarse en nuevos procesos agropecuarios, pero infortunadamente quienes manejan estos programas no lo están haciendo adecuadamente. De otra parte, son mucho los recursos que han ido a parar a las arcas de agremiaciones y organizaciones piratas.

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