Por: Oscar Guardiola-Rivera

Erratas

A propósito de las erratas que esta semana debió publicar el inefable líder del mundo libre, Donald Trump, cabe recordar lo que escribió Johann Fichte al enfrentar la pregunta sobre si el estado de guerra, cubierta o encubierta, debería existir para siempre.

En vez de insistir ad nauseam en la crítica fácil acerca de la imperfección del estado de derecho en este o aquel país vecino, el escritor alemán invita al lector a que considere lo que ocurre con las relaciones entre estados.

Observa que en general los estados parten de la “injusticia generalizada” como el principio que debe regular dichas relaciones. Llama así  a la premisa según la cual si uno quiere la paz debería no solo prepararse para la guerra sino además aparecer cada vez más fuerte y si es del caso estar dispuesto a responder al fuego con uno mil veces mayor, “con el fin de adelantarse al ataque que se espera ocurrirá tarde o temprano”.

Dada una expectativa semejante, los estados se sienten obligados a emplear a fondo sus recursos y exprimen hasta la última gota del potencial de sus gentes con tal de prepararse para dicha eventualidad.

Luego, para neutralizar las protestas de las clases medias y populares así exprimidas, “les parece necesario garantizar a dicha población una manera de enriquecerse con los frutos de la expoliación en el extranjero. Deben apartar la mirada colectiva de la nación de la contemplación de las heridas y problemas internos, y en vez de ello atraerla para que sea seducida por la ilusión de logros espléndidos y gloriosos en el exterior”.

Un pensador alemán del siglo diecinueve nos ayuda de esta manera a navegar mejor la disonancia informativa que caracteriza a la actual administración norteamericana, cuya única orientación es “hacer a America (sin tilde) grande, otra vez”.

Las erratas fueron públicas en relación con sus proclamas urbi et orbi acerca de una “solución militar” para Venezuela, y su aparente negación de la reacción inicial frente a los sucesos de Charlottesville en los que murió asesinada una joven anti-fascista que participaba en una protesta contra supremacistas blancos que a su vez se manifestaban en apoyo de Trump.

La pregunta que cabe hacerle, y hacernos, podría inspirarse en un verso proveniente de la cultura negra estadounidense: puede el verdadero Trump ponerse de pie? Con cuál quedarnos, con el de la reacción tibia frente a la violencia fascista en Charlottesville y la reacción violenta contra la acción revolucionaria en Venezuela, o el que reniega de al menos una de ellas?

La respuesta corresponde a cada lector. Cabe sí recordar a Fichte: de dicha respuesta depende el dejarnos seducir mientras nos exprimen, y al tiempo aceptar un mundo en el que los fascistas nos dan clase de democracia. ¿No fue así como se hicieron al poder en la patria de Fichte?

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