Por: Juan David Zuloaga D.

Es defectivo

Perdonen ustedes, amigos lectores, que me ponga hoy un poco técnico, pero la cuestión lo amerita.

En torno al debate de la lengua hay dos posturas posibles: la del uso y la de la corrección. Es decir, aquellos que creen que cualquier vulgaridad que diga cualquier persona es correcta, y aquellos que aún tienen esperanza en la escuela y fe en el decoro y en las buenas costumbres. Como la defensa del uso ampara adefesios como el de “colocarse rabón” o “colocarse colorado”, que no sólo hieren la sensibilidad lingüística sino hasta la ortodoxia social, me veo obligado a atrincherarme en el lado de la corrección, que para eso va uno a la escuela: para aprender gramática.

Lo digo porque hay en la lengua española ciertos verbos que se llaman defectivos y que no pueden conjugarse en todos los casos. Verbos como ‘agredir’ o ‘abolir’ cuyas conjugaciones, para estos casos, sólo son válidas cuando tienen la letra I. Me importa un carajo que ya en mil ochocientos diecinueve o mil ochocientos veinte Simón Bolívar (o su amanuense, que para el caso es lo mismo) escribiera —según el uso de entonces o no; esto tampoco me importa— de alguno que lo “agrede” y no que lo “agredió” o lo “agredía”. Eso le pasa por saltarse la clase en la que Simón Rodríguez y Andrés Bello glosaron sobre los verbos defectivos. Tampoco me importa que incluso antes, algún ignaro, llevado de su desconocimiento, empleara el verbo de esta manera.

Hace unos años, corrigiendo un examen —un examen de universidad, permítame el lector acotarlo—, un estudiante —una estudiante, en aras de la verdad— escribió algo así como que el tirano “abuele” o “abole” (sic) —llevo años tratando de olvidar esta pesadilla— el régimen. Explicando, consternado, en la clase siguiente, a estos universitarios aquello del verbo defectivo, les dije que no se decía “usted me agrede”. ¿Entonces cómo?, preguntaron. Se dice, con un cortés circunloquio, “yo no quiero ser agredido por usted”, por ejemplo. O se puede también decir, simplemente, “no me joda”, que es expresión castiza, antigua y efectiva.

Eso explicaba en aquella clase ya remota.

La cuestión es preocupante, porque la he oído también —eso de que “abuele” o “abole” el régimen— en boca de un profesor universitario (sic), aunque no en Colombia; todavía no. Y la vi también en una traducción de un ensayista francés. Del nombre del traductor, claro, no quiero acordarme, pero me pregunto dónde estaban los correctores de estilo, los diagramadores, el dueño de la editorial, dónde estaba alguno, ay, que le recordara al traductor, al profesor, al carnicero, al viandante que es defectivo el verbo... Pues defectivo es el verbo y defectivo, su lenguaje.

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