Por: Cristo García Tapia

Es el tiempo de atrevernos

                                                               ¡Qué bien! Esperaré y veré con regocijo alcanzar su ideal y cambiar el rumbo.

                                                               Adelante, buen viento y buena mar, señor. *

A todo aquel, a quien, a aquellos, a este, a esos, a los de más allá y acá y acullá, que crean ser libres y autónomos para pensar, me atrevo a convidarlos a decidirse colectivamente a obrar; a construir ese pensamiento, su autonomía y libre albedrío.

A transformar el país, la nación, la sociedad, de la cual son todo unos pocos, escasos; algo unos pocos más; casi algo muchos más; casi nada cientos de miles; nada millones; absolutamente nada millones al por mayor.

A todos, incluidos los todos que son pocos, a hacer "saltar" en mil ideas renovadoras el sistema.

A transformarlo y mejorarlo, antes que el crecimiento exponencial de aquellos que le siguen en la deprimida escala de los un poco más, de los casi algo, de los casi nada, de los nada, y de los absolutamente nada, aburridos de ser y padecer la aberrante condición que hoy ya se les volvió insoportable decidan, en vez de saltar en mil ideas transformadoras el sistema, volarlo en el humo y la metralla del caos, la anarquía y el desorden.

Es el tiempo de la historia el que nos convoca: sembremos y abonemos con ideas transformadoras, renovadoras de cuanto no ha dado frutos ni cosecha nuestra sociedad.

Si a los mayores que somos no nos alcanza el tiempo para verlas germinar, crecer y florecer abundantes, en la vanguardia están nuestros hijos y nietos para concluir la siembra y segar los frutos, abundantes y generosos para todos, de la Colombia Humana que no nos da miedo convocar a plantar.

Esto no puede seguir inmóvil.

Con lo vivido y padecido por décadas, con lo aprendido y repetido; con lo visto y aprendido de otros, llegó nuestro tiempo para todos; el tiempo de la historia es inminente y nos impone su signo indeleble de hacer prevalecer los derechos superiores de todos los colombianos; de luchar por construir un país menos desigual; de combatir la discriminación y la exclusión; de fomentar en convivencia y en paz la diversidad y el pluralismo ideológico, político y social.

Nuestro país, nuestras ciudades, departamentos, municipios, veredas y pueblos, están tomados por la peste del despojo; rendidos a los ejércitos blindados en impunidad de la corrupción; sometidos en servidumbre a la desigualdad.

Todo es despojo, dejar hacer, dejar pasar; reproducir, multiplicar sus formas, métodos y operadores para que el despojo sea total: de cuerpo y de espíritu; de ojos y oídos para no ver ni oír; de pies, manos y bocas, para no levantarnos y gritar contra los despojadores y arrebatarles lo que nos pertenece a todos.

Alterar su estado inmóvil, la quietud perturbadora de la exclusión, la discriminación y la desigualdad afrentosas, inhumanas, que nos imponen en nuestra sociedad precaria los que cooptaron este país que amamos, es imperativo histórico, es el signo del tiempo presente para asegurar el futuro que merecemos todos.

¡Atrevámonos con Petro!

Con alborozo/ha llegado el turno de trastornar el mundo/De echar a rodar/todo cuanto es inmóvil/Tomar espadas en nuestras manos/y cortar el nudo/Que no retorne cuanto ha pasado/Y no nos devuelva otro espejo/ el mismo rostro/. *

@CristoGarciaTap

*Opinión de una lectora del poema completo, en Ojos viendo pasar el mundo, Poemas.

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