Por: Columnista invitado

"Es la tasa de cambio, estúpido"

Usando la versión de aquella famosa frase de James Carville, asesor estratégico de la campaña de Bill Clinton en 1992, es posible analizar el más reciente estudio de Wells Fargo Securities sobre economías en desarrollo y vulnerabilidad a crisis.

Dicho informe estudió 28 economías emergentes para llegar a la conclusión sobre los países más vulnerables a una potencial crisis económica o financiera. El resultado  es que los líderes de la tabla son Colombia, Argentina, Indonesia y Turquía, estando nosotros en el primer lugar en vulnerabilidad. La invitación a los inversionistas es a tener especial cuidado y atención al momento de invertir, en especial en el caso colombiano. Contrasta con el buen desempeño en inversión extranjera hasta la fecha, pero prende las alarmas sobre el manejo macroeconómico  de cara al futuro.

El análisis muestra en nuestro caso una muy baja proporción de reservas internacionales con respecto al PIB (a pesar de su crecimiento en términos absolutos el porcentaje es apenas cercano al 10%); luego, que somos los campeones en el mundo en apreciación o revaluación de la moneda; también, mostramos un crecimiento demasiado alto en crédito al sector privado con respecto al PIB, y, finalmente, es excesivo el déficit en cuenta corriente en la balanza de pagos con respecto al PIB. La síntesis: Colombia ha venido construyendo un caldo de cultivo peligroso para una crisis financiera en el mediano plazo o que por lo menos estos temas merecen la atención de las autoridades monetarias, cambiarias y fiscales.

Si bien varios analistas y dirigentes gremiales salieron a decir que aquí no hay problemas estructurales y que todo va “viento en popa”, es por lo menos de prudencia tomar atenta nota del meollo del problema, que puede estar explicando la mayoría de estas variables críticas: la tasa de cambio.

 La revaluación de la tasa de cambio que para muchos es el resultado de una “mini enfermedad holandesa”,  ha generado en Colombia un escenario muy poco amigable a la exportación y tremendamente inconveniente para el crecimiento de la economía y para la balanza de pagos. Nos acostumbramos a que tuviésemos una moneda ficticiamente apreciada y nuestras intervenciones se circunscriben especialmente a comprar divisas con el consecuente impacto en las utilidades del Banco Central.

 Todos los días con esta tasa de cambio construimos déficit en balanza comercial y afectamos las finanzas públicas.

 Es  conveniente revisar, o por lo menos estudiar, otros modelos de manejo de tasa de cambio, como aquellos de Tailandia o Costa Rica, o de Filipinas o Corea del Sur, o incluso algunos de intervención directa como el de Perú. El mundo de los países emergentes ha tenido más creatividad cambiaria considerando posibilidades varias como: permitir dobles cuentas en dólares y moneda nacional, forzar reservas obligatorias en dólares en el sistema financiero, crear operaciones de recompra de divisas, realizar un prepago de deuda externa, estructurar impuestos más fuertes al ingreso de capitales, probar modelos de encaje al crédito en dólares, estudiar modelos de incentivo a salida de capitales con inversiones en el exterior o incluso acelerar la implementación de estrategias de más ahorro público para evitar la presión por deuda pública externa.

La invitación es a pensar distinto, a salirse de la “caja” en la política cambiaria y a entender que con esta tasa de cambio apreciada no solamente podría haber riesgo financiero, sino que todos los días seguiremos destruyendo capacidad productiva en el sector de agro e industria en el país, que tanto bien le hacen a la generación de empleo.

 [email protected] / @jrestrp

 

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