¿Es necesario el confinamiento?

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Como es sabido, el Gobierno ordenó el aislamiento obligatorio para los mayores de 70 años hasta el 31 de agosto, situación que a nuestro juicio vulnera nuestros derechos de igualdad, libertad de locomoción y libre desarrollo de la personalidad. Sin justificación legítima, están limitando nuestros derechos en forma mucho más severa que a otros adultos menores de 70 años.

El ministro de Salud, Fernando Ruiz, nos anunció como un gran avance: “Ahora podrán realizar actividades al aire libre, tres veces por semana, durante 30 minutos por día”. El Gobierno justifica este aislamiento como una protección merecida por los abuelos, ya que las estadísticas oficiales demuestran que el grupo de mayores de 70 años, el 5% de los colombianos, unos 2,5 millones de personas, responde por el 7,8% de los infectados confirmados de COVID-19 en el país, pero participa con el 46,9% de las muertes causadas por esta pandemia. Las posibilidades de fallecer de los adultos mayores sí son muy elevadas, ciertamente.

Ante la fuerza tomada en el mundo por el coronavirus, urge aplanar la curva de los infectados por día para impedir que las unidades de cuidados intensivos (UCI) de los sistemas hospitalarios del mundo resultaren copadas. Si bien hoy algunos confinamientos se han relajado o levantado, hay un debate en curso sobre si deben restablecerse para evitar una segunda oleada de casos de coronavirus.

“Al respecto, sostienen numerosas personas que la vida no tiene precio y que es más importante que cualquier consideración económica. Durante el debate sobre la secesión del Reino Unido en la Segunda Convención de Virginia celebrada en 1775, le preguntó Patrick Henry a la audiencia, entre la cual se hallaban Thomas Jefferson y George Washington: ¿Es la vida tan querida o la paz tan dulce, como para ser compradas al precio de las cadenas y la esclavitud? A lo cual se contestó el señor Henry con una respuesta apasionada: En cuanto a mí, ¡dadme la libertad o dadme la muerte!”.

“No se trata de ponerle un valor monetario a la vida, es un reconocimiento de que las personas arriesgan con frecuencia y voluntariamente sus vidas en busca de la felicidad. Podríamos eliminar por completo las muertes por accidentes automovilísticos prohibiendo los vehículos a motor. Pero seguimos usándolos en forma continua, porque los beneficios económicos derivados de su uso son más valiosos para nosotros que los riesgos para nuestras vidas”.

“La tasa de mortalidad de los casos sintomáticos es el riesgo de muerte después de contraer el COVID-19. Es diferente de la tasa de mortalidad, que es el número de muertes por cada 100.000 habitantes en un país. Esta tasa de letalidad de casos sintomáticos es de 0,5 muertes por cada 1.000 casos de menores de 50 años, de 2 por cada 1.000 entre los 50 y 64 años y de 13 por cada 1.000 para los mayores de 65 años. Como marco de referencia, la tasa de letalidad de la gripe española de 1918 fue superior a las 25 muertes por cada 1.000 casos sintomáticos. Los datos científicos existentes para el COVID-19 no justifican la suspensión de las libertades civiles”.

Los párrafos entre comillas anteriores se pueden consultar por Google, digitando primero el título en inglés y luego su traducción al español del artículo: COVID-19 Lockdowns are Neither Necessary, nor Scientific, nor Helpful, escrito por Gilbert Berdine, médico y profesor de la Universidad de Texas.

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