Por: José Fernando Isaza

¿Es objetiva la economía?

A LA CIENCIA ECONÓMICA HAY QUE abonarle, no tanto la capacidad de predecir el futuro, sino las explicaciones del porqué ocurrió o no en el pasado un hecho económico.

Hay que reconocerles a los economistas su contribución al crecimiento al lograr que sus teorías se concretaron en políticas estatales, por ejemplo al enseñar a los gobernantes a no creer que emitir moneda es igual a crear riqueza.

La hipótesis principal de la economía ha consistido en la objetividad de sus leyes y en la racionalidad de las decisiones individuales. Hoy se están sacudiendo los cimientos que sustentan la objetividad del actuar económico. La academia sueca otorgó el Premio Nobel de Economía a Daniel Kahneman, psicólogo y profesor de Princeton. A diferencia de algunos casi incomprensibles trabajos de econometría, los escritos del profesor Kahneman requieren una matemática al alcance de cualquier buen estudiante de pregrado. Explica, por ejemplo, el porqué la optimización esperada de un portafolio de inversión, no necesariamente conduce a maximizar el “bienestar” del propietario. Sus experimentos muestran que si el valor de unas inversiones sube, digamos, un 20% y luego se reduce en 10%, la “pena” por la reducción del 10% supera el “placer” del aumento del 20%.

En la mayor parte de los países la riqueza individual está compuesta por la vivienda y el ahorro pensional, la valorización de aquella genera una sensación de riqueza que estimula el consumo; otro análisis muestra que esta valorización, no implica necesariamente mayor riqueza, pues si se vende para comprar otra, ésta también aumentó de precio y, lo que puede ser peor, si se valoriza y se espera seguir viviendo en ella, la mano implacable del fisco le aumentará los impuestos disminuyéndoles el ingreso disponible.

Una porción significativa del ahorro pensional está en los llamados “títulos de renta fija”, los cuales al subir las tasas de interés bajan de precio, reflejando una pérdida en la cuenta del fondo de pensiones y causando “dolor” al ahorrador, aunque en todo rigor esta pérdida se compensa con el mayor interés.

Un experimento de comportamiento económico, es el siguiente: se le dan, digamos, $100.000 a una persona para que los reparta con otra, si ésta acepta la única oferta, cada uno se queda con lo acordado, en caso contrario hay que devolver la plata. Desde el punto de vista económico para el segundo, cualquier dinero que reciba es mejor que nada. Se encuentra que ofrecimientos menores al 30% son rechazados. La envidia o la sensación de injusticia también son decisorias. El resultado, cuando hay asimetría económica, es iluminante, si el de mayor ingreso recibe el dinero, ofertas del 10% son aceptadas por el de menor ingreso. Por el contrario, si el pobre es quien recibe inicialmente, debe ofrecer cifras cercanas al 80% para que sea aceptada su oferta.

Los administradores de fondos de inversión son rápidos en liquidar las ganancias o reconocer las pérdidas. Los inversionistas individuales muestran una gran resistencia a aceptar las pérdidas, y este comportamiento subjetivo tiende a incrementarlas.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

 

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