Por: Mario Fernando Prado

Es permitido invadir

LA CORTE CONSTITUCIONAL ACABA de proferir una sentencia tan insólita como malejemplarizante.

Por una parte, ha fallado a favor de un invasor que se aposentó en el corredor férreo que de Cali conduce a Jamundí y no hubo poder humano que lo sacara de ahí, ni menos aún poder legal.

El Estado, que es el dueño de este corredor, luchó para que, a través de un proceso, se ordenara el lanzamiento respectivo y de nada le valieron apelaciones y más apelaciones. El invasor, de quien poco o nada se conoce, se salió con la suya y fue merecedor por parte de la mencionada Corte de un premio mayor: se puede quedar allí a no ser que “negocie” su salida y se le ofrezcan distintas opciones que reemplacen su por demás conchudo asentamiento.

Así las cosas, cuando se habilite la línea férrea hacia el sur de Cali, el tren se topará con el cambuche legal y si no hay compensación habrá que abortar este medio de transporte de carga y pasajeros.

El Estado versus el Estado: una perogrullada que sólo aquí se da. Ya imagino el “resort” que le tendrán que dar al invasor quien, ni corto ni perezoso, hizo el negocio (¿ado?) de su vida.

Pero lo peor es el precedente que ha sentado esta máxima e inapelable autoridad: tomando como fundamento el fallo que nos ocupa, los otros invasores podrán hacer lo mismo, levantando su cambuche en ese o en otro corredor férreo, o por qué no, al borde de carretera o a la orilla de un río, en una loma, meseta o altiplanicie y hasta en un separador vial o una zona verde.

No faltarán los rábulas que les asistan y más de uno se amparará en la sentencia de marras para también obtener su fallo favorable y canjear así el terreno invadido por una tierrita decorosa y decente con todos los servicios más parabólica e internet.

Una consideración final: ¿si el Estado no pudo con el Estado, se imaginarán “en tratándose” de un invasor que monte su choza en terrenos particulares? Ojalá la Corte, en su infinita sabiduría, recapacite en torno a una sentencia que podría convertirse en ley y ahí sí, apagá y vámonos.

 

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