Por: Columna del lector

¿Es posible exorcizar a Escobar?

Por Diana Carolina Abril Giraldo

Bien lo hizo el alcalde de Medellín con su intención de eliminar definitivamente el horrendo honor que le hacen aún a Escobar a pesar de las atrocidades que cometió. Sin embargo, para llegar a eso tendría que quitar una parte considerable de la ciudad: el lugar donde murió Escobar, el barrio que fundó (y que además lleva su nombre), la hacienda Nápoles y la intangibilidad que no está en los bienes que le pertenecieron, sino en el aire y en los recuerdos que asoman apenas se pisa la ciudad de la eterna primavera y el departamento antioqueño.

Por una parte, para exorcizar a Pablo Escobar habría que hacerlo de igual modo con las Farc Ep, el Eln, los paramilitares, las bandas emergentes, los militares causantes de la muerte de muchos jóvenes inocentes, algunos políticos, funcionarios, policías y contratistas corruptos, y, los “grandes empresarios” y terratenientes. Aunque estos últimos, aparentemente, le han hecho daño al país mediante desfalcos y que únicamente afectan la economía y el fisco. No obstante, recaen en el ciudadano. Lo anterior no es equiparable con el daño causado por Escobar, pero ha tenido, tiene y seguirá teniendo consecuencias graves en la historia colombiana que ha dejado a muchos en la miseria.

En efecto, jamás, en Colombia y en el mundo, dejarán de querer saber, conocer e investigar lo que rodea a ese mundo oscuro de narcotraficantes y asesinos que destruyó vidas y que, se quiera o no, hacen parte de la historia del país. No basta quitar el avión del Parque Temático Hacienda Nápoles (o acabar con este), haber cerrado el que funcionaba como museo o implosionar el edificio Mónaco. Podrían quemar los libros e impedir la publicación de más, no volver a proyectar películas ni series ni documentales en ningún canal.

Por esos motivos, eliminar a Escobar de la historia de Medellín, de Antioquia y de Colombia, más que un anhelo del alcalde de Medellín y de muchas otras personas, ¡es un imposible! Dado que es una etiqueta que acompañará por siempre a los colombianos. A donde se vaya se percibirá el pasado oscuro que se lleva a cuestas por crímenes cometidos por el peor asesino de la nación (y eso es lo que nunca se debe olvidar).

De modo que, excelente el propósito del alcalde Federico Gutiérrez y la pretensión de disminuir el costo que representaba el mantenimiento del Mónaco, pero no se trata de eliminar lo malo, sino aprender de ello y, en caso tal, convertirlo en buenas obras. En Colombia no se puede hacer un monumento en honor a las víctimas cuando la urgencia está en la realización de proyectos que aporten a la educación, la salud, la vivienda y los servicios básicos. Esto sí ayudará a contrarrestar todo lo que se pierde por la corrupción y el narcotráfico.

Para finalizar, la idolatría a Escobar habrá que dejársela a las personas que así lo quieran hacer, pero la solución no está en destruir todo lo que este personaje siniestro representó y aún representa. Porque esa violencia causada en contra de quienes no les caían en gracia a Escobar está muy lejos de ser un recuerdo. No se puede pretender esconder lo que dejó a su paso por las maldades que cometió, que ahora son una oscura historia, tan inútil de tapar como así lo intenta hacer el avestruz ocultando su cabeza dentro de la arena y dejando todo el cuerpo por fuera cuando siente que está en peligro.

 

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