Por: Claudia Morales

¡Es un chisme! No importa, mátenlos

Como si no fueran suficientes las demostraciones de violencia y las justificaciones para matar al prójimo, en los últimos tiempos hemos sido testigos de otra perversidad que es crear “cadenas” de chismes en WhatsApp (WA) y redes sociales sobre cualquier tema para enfurecer a los ciudadanos que, sin verificar un solo dato, deciden acrecentar sus odios y ejercer la justicia por mano propia. Pasa en Colombia, pasa en el resto del mundo.

Citaré algunos casos ocurridos en los últimos meses.

En la India, los mensajes falsos en WA sobre secuestradores de niños han llevado a la muerte a 27 personas bajo la modalidad del linchamiento. El gobierno de ese país le ha pedido a Facebook, compañía propietaria de WA, que haga algo urgente para prohibir la divulgación de falsedades.

En Guayaquil, Ecuador, tres hombres detenidos por robo fueron linchados y asesinados dentro de una estación de Policía. La turba llegó motivada por un chisme en WA que decía que ellos eran secuestradores de niños, los mataron, destruyeron la estación de Policía, quemaron a un patrullero, un taxi y cinco motos.

En Puebla, México, 150 habitantes sacaron de la cárcel a dos hombres porque creían, resultado de la porquería mentirosa en WA, que eran secuestradores, los llevaron al parque principal, les echaron gasolina y los quemaron vivos.

En Ciudad Bolívar, Colombia, un hombre que iba en un carro fue atacado por una muchedumbre que lo acusaba, por una cadena de WA, de robar niños. Dos hombres que iban en el mismo vehículo resultaron heridos de gravedad.

Aterrador desde todos los niveles y más aún si consideramos que las víctimas de esos linchamientos eran inocentes. Pero aun si hubieran sido responsables de lo que les acusaban, nada justifica la matanza. WA y las redes se volvieron un gatillo que les ha dado motivos a los salvajes del reino humano para matar por simple sospecha y la sociedad mira indiferente.

Los casos citados tenían varios objetivos: disparar el caos, dañar personas con una acusación monstruosa y provocar a los borregos. La práctica es bien conocida entre simpatizantes del Centro Democrático en Colombia (recuerden la entrevista a Juan Carlos Vélez, entre otros) y de Jair Bolsonaro en Brasil, y el resultado de eso es que el número indeterminado —que no fue menor— de gente que participó en las cadenas de mentiras y basura ideológica nunca se tomó el trabajo de preguntar, verificar y contrastar la información. Por eso le llaman “cadena”, porque funciona igual que un cargador de ametralladora Dillon Aero que dispara 3.000 tiros por minuto.

A la par con los asesinatos vemos también en las redes ejemplos de muerte moral por diferencias raciales, de género, religión o política. Son frecuentes los incesantes insultos y mentiras —muy efectivos— para acabar con la reputación de quien convierten en objetivo, bajo ese manto supuestamente democrático que le deja el camino fértil al desadaptado social que sabe el nivel de destrucción que puede sembrar.

Ante esta realidad, les pido, amables lectores, que por favor respondan: ¿cuántas veces ustedes o sus personas cercanas han tragado entero? ¿Cuántas veces les dio pereza informarse bien sobre la inmundicia que reciben en Facebook, WA, Twitter o cualquier otra red? ¿Cuántas veces han circulado falsedades y, de paso contesten, cuántas veces les ha causado placer hacerlo?

Piensen que por un chisme matan a su hijo, esposa, papá, amiga. Sólo piensen en eso.

@ClaMoralesM

*Periodista.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Claudia Morales

Mis dos personajes del año

Ante la ausencia de ética y moral

Los dejaron morir

¿Seremos capaces de evitar la catástrofe?

Larga vida a los borrachos