Por: Mario Morales

Esa insoportable trivialidad

O se coló en la vida nacional la trivialidad del arranque novembrino, todo él lleno de alas, desfiles, lentejuelas y música champeta, o perdimos la noción de lo serio, lo trascendental, lo necesario.

Que el problema central de la capital sea un adolescente mal crecido pintando mamarrachos, y el del país, las fotos de la barriga con caspa de unos guerrilleros en un catamarán, habla claro de lo malintencionados que pueden llegar a ser algunos compatriotas.

Y es que la gasolina y el tono incendiario de quienes las han difundido son más indignantes que las fotos mismas, montadas sobre el prejuicio del presunto lujo de estar tomando sol en el mar. Si a esas vamos, ¿por qué no hay tanta escandola con la foto de los guerrilleros acariciando una paloma frente a La Catedral, en La Habana Vieja? Al menos esa tendría trasfondo iconológico si se desconfiara de la espontaneidad de la escena...

Pero son fotos inanes. Sin narrativa por sí mismas. Un lugar común. Sin contenido político, salvo el que le quiera poner cada uno. Lo único que salta a la vista es la torpeza de las Farc a la hora de comunicarse, o de su profunda ignorancia de la fácil detección y viralidad que tienen las redes sociales.

Torpeza potenciada luego por declaraciones de sus voceros, desafiando esa opinión pública que vive sólo de estados de ánimo, al anunciar que seguirán publicando fotos. Pero aun así, y como dijo el vice Garzón, que se tomen las fotos que quieran con tal de que no se olviden de la de la paz. Y que sigan disminuyendo sus acciones terroristas, según informe del Mindefensa.

Más ahora que en la mesa guerrilla y Gobierno pusieron pie en el acelerador y descubrieron sobre la marcha la metodología que le pondría ritmo propio al proceso: que se debata cada punto sin pausa hasta que haya acuerdo. Y así con los cuatro que faltan.

Y que luego hagan todo el turismo que deseen. Finalmente es preferible verlos así que echando bala en el monte.

 

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