Por: Aura Lucía Mera

Escándalo en el museo

TODO EMPEZÓ EN 1823 CUANDO, bajo la presidencia del General Santander, el Congreso expidió una ley para la formación de un Museo Nacional.

Se inauguró con una exposición de botánica, mineralogía y zoología, fruto de las investigaciones de la Expedición Botánica de José Celestino Mutis. Años después el arquitecto Thomas Reed fue contratado para diseñar y levantar la cárcel más importante de Colombia. Corría ya el año de 1850. Se llamó el Panóptico. Y sirvió como prisión durante setenta y dos años. Allí, tras esa fachada imponente y monumental de piedra y los jardines interiores, las rejas macizas, funcionaba la Penitenciaría de Cundinamarca.

Ya en 1946 el majestuoso edificio se convirtió en la sede del actual Museo Nacional. Puede parecer extraño sacar a colación este tema, pero con las celebraciones patrióticas, o patrioteras, de estas fechas, no puedo pasar por alto la incertidumbre, el misterio y las maniobras solapadas que están ocurriendo bajo la mirada impasible del Ministerio de la Cultura y más concretamente de la Dirección del Patrimonio Nacional.

Precisamente, se trata de su fachada. De esa gigantesca y bellísima estructura en piedra, que está prácticamente llamada a desaparecer por los malos manejos y las metidas de pata de la directora de Patrimonio del Ministerio, María Claudia López, funcionaria intocable no se sabe a título de qué, y con la aparente complicidad de la Ministra del ramo.

Poco después de la contratación de la remodelación de la fachada, empezaron a presentarse los primeros síntomas de la “metida de pata técnica” que se había cometido. Se contrató entonces al Laboratorio de la Facultad de Estudios de Patrimonio del Externado para que hiciera un estudio técnico del problema que se estaba presentando. El diagnóstico no pudo ser más grave. Se había utilizado un producto químico, jamás utilizado hasta entonces en ese tipo de trabajo ni sobre ese material —la piedra—. Un daño irreversible. La fachada del antiguo Panóptico está destinada a desaparecer.

Lo curioso es que el doctor Ómar Fernández, director del laboratorio del Externado, emitió su concepto. Pero actualmente se declara impedido para opinar sobre el tema. Parece que hubo un arreglo de conveniencia. Se cree que el Ministerio de Cultura le exigió a la Facultad del Externado mantener en estricta reserva todo este gravísimo asunto, y que —según se dice— firmaron un acuerdo de compromiso. Lo cierto es que hasta el momento todo ha sido una tapadera, como se hace con la caca del gato. Pero no se trata de ningún gato. Colombia entera debe saber que está en altísimo riesgo nada más ni nada menos que la bellísima fachada en piedra de esa joya patrimonio nacional, por malos manejos en esta Dirección de Patrimonio. Hasta ahora el Consejo de Patrimonio hace mutis por el foro. La Ministra tapa y tapa. La señora López se lava las manos y la ex ministra de Cultura, que merece todos mis respetos, Elvira Cuervo de Jaramillo, miembro actual del Consejo de Patrimonio en representación de la Academia de Historia, se hace la de la vista gorda.

Sería pertinente que las unidades investigativas de los diferentes medios de comunicación indaguen al respecto. Denuncien y exijan explicaciones. Se trata de uno de nuestros mayores tesoros arquitectónicos. Ahí les dejo la perla.

 

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