Por: María Teresa Herrán

Escarbando

“UN DESCANSO”, “PRESENTARSE EN 2014” —pide el aterciopelado monseñor Rubiano sin hacer ningún cuestionamiento ético al hecho en sí de la reelección y sin caer en cuenta de otro elefantico: la reelección del 2014 también requeriría cambiar la Constitución.

“La Constitución no exige que el fiscal  deba ser experto en derecho penal” —alega un decano de derecho para justificar la  validez de la postulación de los miembros de la terna, no penalistas pero afines al Gobierno.

“Mi ética es cumplir la ley” dijo, palabras más, palabras menos, el Ministro de Hacienda en el debate sobre los hijos del Presidente (a propósito, ¿ya se olvidó el asunto?).

“Soy abogado y no soy político”, asegura el inefable abogado De la Espriella, que pretende trabajar “por la dignidad nacional” al demandar al presidente ecuatoriano.

¿Qué lógica hay detrás de estos pronunciamientos? Apoyarse en la argumentación jurídica o sentimental, ignorar el debate ético, justificar o disfrazar la inmoralidad o el oportunismo llevan a que se pierda la confianza en las instituciones y en las propias disciplinas.

El problema de confundir lo ético con lo jurídico, lo político o lo sentimental es que  ya todo da lo mismo puesto que todo puede ser bueno y malo a la vez.

Hoy, por ejemplo, en un “examen” transmitido por televisión a las 10 de la mañana, veremos a los tres candidatos al cargo más importante para la administración de justicia. Nos van a demostrar, con palabras ya anunciadas, por qué serán  buenos fiscales generales (en términos jurídicos, claro está). No nos reconocerán que es inmoral prestarse a ese reinado de belleza jurídica, como tampoco han reconocido los congresistas que es inmoral prestarse al debate sobre la presidencia de la institución.

En todo caso, como televidentes, no juguemos al juego de cuál nos parece mejor, como si estuviéramos en capacidad de evaluarlos. Lo inmoral es haberlos incluido en una terna.

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Otra triquiñuela ética del régimen: acusar al senador Jorge Robledo, uno de los pocos serios y estudiosos, de afinidad con las Farc para descalificarlo. ¿Habrá luego  un arrepentimiento condicionado, como  sucedió con Piedad después de haberla insultado tanto?

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