Por: María Teresa Herrán

Escarbando

EL OMBLIGUISMO ES UN PROVINCIAno análisis de la realidad internacional y refleja cómo, en una desarticulada política exterior, se toman decisiones que echan por la borda las reglas de juego de la diplomacia.

El ombliguismo lleva a unos  desencuentros  cronológicos, como estallar  al  “descubrir”  a las mil y quinientas que  Chávez   alimenta  a las Farc (lo que siempre se ha sabido), aportar  “pruebas” que no son contundentes,  y    empeñarse en  sostener que  a Correa  sólo le interesa  patalear contra nosotros.

El ombliguismo es reaccionar al armamentismo imperialista bolivariano de Chávez mediante imagen mediática, por más muda que ésta sea.

Para el ombliguismo colombiano es natural aceptar tanto el silencio de Obama sobre las bases y del Tío Sam sobre el convenio, como lanzarse cual mosquetero que asume las reacciones, solo contra todos.

El ombliguismo lleva a hacer una correría intempestiva por América Latina y a creer que, como a nuestro Presidente no le cerraron las puertas palaciegas en las narices, están de acuerdo con él.

El ombliguismo es imaginarse que los miembros más neutros de Unasur van a aplaudir el simultáneo anuncio del Canciller en el sentido de que Colombia no descarta acudir a la Corte Penal Internacional, y las declaraciones del vicepresidente descalificando la reunión de la semana entrante.

Ombliguismo es tener dos versiones de soberanía: la primera, que considera normal (más aún, repetible, según J. M. Santos) que se viole el territorio de un país vecino; la segunda, aceptar sin beneficio de inventario que los Estados Unidos utilicen las siete bases sin que nuestro Congreso se entere, aun en sesión secreta, de las realidades del acuerdo.

El ombliguismo es asegurar que sólo Ecuador y Venezuela han provocado una escalada de las tensiones regionales.

Ombliguismo es minimizar el nuevo panorama de las alianzas regionales y creer que un convenio bilateral con Estados Unidos nos pondrá a salvo de cualquier percance resultante de una escalada que también hemos atizado.

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