Por: María Teresa Herrán

Escarbando

BENDITA SEA LA TELEVISIÓN, PANdora que ha permitido abrir la caja del Congreso, en vivo y en directo.

De esa caja han salido alacranes, grillos, serpientes, potenciales teodolindos y yidis, constancias, somnolencias, normas citadas como dagas, risitas pendejas, cuchicheos, votaciones de impedimentos con resultados cantados de antemano, interpretaciones acomodadas de las sentencias de la Corte Constitucional y del Consejo de Estado, un autoproclamado “casi estoico” Ministro del Interior. Con el abrebocas del manoseo a Luis Carlos Galán, ya que la capacidad de diarrea mental se reflejó en la discusión sobre bautizar o no con su nombre al aeropuerto. Sin tanto perenquendengue, el de Palermo, en Sicilia, se llama Falcone, por el juez, también asesinado por la mafia. Pero una inefable representante, de cuyo nombre por fortuna no me acuerdo, se opuso y, además, con evidente humildad advirtió: “Soy autora de la democracia verdadera de Colombia”.

Eso sí, gracias a Pandora, sobresale la coherencia de representantes como Guillermo Santos. Denunció el viciado procedimiento (“yo, impedido, voto para que no se acepte tu impedimento”), así como el hecho de que quienes se declaraban impedidos no cayeran en cuenta de que lo estaban cuando votaron la conciliación. O la denuncia de Jorge E. Rozo, de la coalición del Gobierno, de indebidos ofrecimientos desde el Sena. Sensatos también quienes pidieron que no se enmochilara el debate de fondo.

Pero semejante degradación evidencia que fue desinstitucionalizadora la decisión de la Corte Suprema de investigar a 86 parlamentarios, presión indebida sobre el Poder Legislativo. Sin tanto espectáculo, podía ir encontrando pruebas, como sucedió con el senador Villamizar.

Menos mal que los ciudadanos no necesitamos esos juegos y triquiñuelas de poderes. Tenemos la libre opción de abstenernos de votar por el referendo de reelección, suponiendo que pase la ley luego de todo este proceso de evidentes ilegalidades. Porque ya no somos “pueblo”, es decir, “masa de borregos”, ni dependemos de lo que suceda en ese atorrante cajón.

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