Por: María Teresa Herrán

Escarbando junio 18

CLEMENCEAU TENÍA RAZÓN: CUANdo alguien quiere hacer algo, lo hace; y cuando no quiere hacer nada, nombra una Comisión.

¿No bastaba con que el Presidente dijera: “No quiero ser reelegido”?

¿No bastaba con que ordenara a sus disminuidas huestes en el Congreso aprobar la reforma política con todo y silla vacía?

¿Se habrá perdido tanto el sentido de justicia, que parezca más importante que la Andi se pronuncie contra la reelección, a que proponga algo para tres millones de colombianos en situación de desplazamiento?  

¿No es la diarrea jurídica que vive el país el resultado de que la Constitución y la Ley ni se obedecen ni se cumplen, sino que se reforman o se sancochan en vanas expectativas de un caldo de “sabios”?

¿No proviene esa misma  diarrea de un  énfasis exagerado en noticias supuestamente jurídicas y que no son más que rumores testimoniales de toda clase de bichos, no decantados por los medios?

En vez de la majestad del silencio, que protege a las instituciones, ¿por qué el Fiscal y el Procurador siempre están dando declaraciones vitrineras y, además, simplonas?

¿Por qué el ego del magistrado Ramírez  lo llevó a aceptar homenajes sin averiguar quién se los ofrecía?

¿Por qué sus colegas viajan alegremente a esos homenajes sin aplicar el sabio principio según el cual no basta ser fiel, en este caso, a la justicia, sino que es necesario parecerlo?

¿No es dar papaya para que lo jurídico se diluya en las incertidumbres de la duda?

Pero volviendo a la Comisión, ¿de qué sirve que Humberto de la Calle declare  con gran pompa desde los micrófonos  que no es partidario de la reelección, si con pertenecer a ella está avalando el furibismo?

¿No cometen un error tremendo quienes, como Hugo Palacios, se dejaron envolver en una comisionitis que, lejos de reflejar el querer de la gente, es un oportunista sofisma de distracción comandado desde Palacio?

mariateresaherran@hotmail.com

 

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