Por: Julio César Londoño

¡Escriba como los maestros!

¿SE PUEDE ENSEÑAR A ESCRIBIR?

POR supuesto que sí, aunque los escritores se empeñen en hacernos creer que lo suyo es un don divino, una cualidad marciana, un misterio impenetrable, como la inteligencia, el mesmerismo o la telepatía. Cuando se los interroga, responden con gravedad: “Nadie entiende los arcanos de la escritura, y si alguien los entendiera no podrá enseñarlos, y si alguien lograra enseñarlos no será comprendido”.

Tampoco digo que sea una tarea fácil. No hay fórmulas que garanticen la calidad de un ensayo, digamos, pero sí podemos enseñarle al alumno la poética del género, darle una bibliografía básica, ponerlo en guardia contra los errores más comunes y, sobre todo, vacunarlo contra cuatro enemigos letales: el patetismo, el proselitismo, la vanidad y la ternura.

Con estas ideas en mente, he diseñado un taller de escritura creativa compuesto por las siguientes asignaturas:

Gramática básica: estudio de la naturaleza de las palabras, vistas de manera aislada (morfología), y la manera de enlazarlas en series lógicas (sintaxis), sin perder de vista que un idioma no es un sistema arbitrario de signos sino la manera como un pueblo siente la realidad y dialoga con su tradición.

Teoría literaria: definiciones de géneros, tropos, escuelas, tendencias y estructuras, en el lenguaje plano y elemental que las enciclopedias estilan.

La poética vuelve sobre los mismos asuntos de la teoría, pero lo hace con el lenguaje y la agudeza de los grandes maestros (v. gr. los “decálogos” de Poe, Quiroga, Bolaño, Monterroso, etc.). La teoría es una asignatura técnica mientras que la poética es una suerte de filosofía de la literatura; pero ambas, teoría y poética, son de carácter abstracto, general.

La crítica, en cambio, es concreta y particular: resulta de aplicar la teoría y la poética (+ filosofía + sociología + historia de la literatura + lo que usted guste) al análisis de una obra o un autor determinado, sin olvidar que el asunto es la literatura (no la filosofía, ni el psicoanálisis, ni la sociología) y que las conclusiones deben ponerse en lenguaje literario. O, para decirlo con las palabras de Harold Bloom: “En crítica, es válido analizar el estilo de Freud en clave de Shakespeare, pero no es válido leer a Shakespeare en clave de Freud”.

En el capítulo narrativa se estudiará el cuento, esa forma sintética y esencial cuyo protagonista es el argumento, y la novela, que es un género de personajes (o como dijo Philip K. Dick: el cuento trata del crimen, la novela del criminal). También nos ocuparemos aquí de la estructura del relato: manejo del espacio y del tiempo (que puede ser lineal u oscilante), la inserción de descripciones pertinentes y la construcción de personajes con relieve, es decir, “dotados de un ADN singular”, como quiere Roberto Rubiano.

El ensayo es el lenguaje del pensamiento, o “la mejor manera de sostener con gracia un punto de vista original”, según Jaime Alberto Vélez, y tiene tres partes: introducción, desarrollo y cierre. Estudiaremos por qué es éste el género de más importancia social, la conveniencia de investigar mucho pero desechar luego las 9/10 partes del acopio, y la razón de que la cualidad clave de un ensayista sea su capacidad de mantener un equilibrio exacto entre el rigor y la especulación.

La última asignatura a estudiar será el periodismo literario, ese poderoso invento de Gabo, Truman Capote y Gay Talese en los años cincuenta, ese híbrido que mezcla las estructuras, la claridad, el impacto y las vastas audiencias del periodismo con el poder de seducción de la poesía.

Los interesados en tomar estos contenidos pueden obtener más información en La Fundación Casa de la Lectura de Cali: Tels.: 5581818 y 3175385416, [email protected].

 

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