Por: Salomón Kalmanovitz

La escritura en los tiempos modernos

La división del trabajo se ha transformado radicalmente en la era de la informática.

Tareas que antes hacían ingenieros, técnicos y especialistas pueden ser llevadas a cabo por medio de programas de computador que han multiplicado su poder de procesamiento. El correo postal se reduce al transporte de paquetes y la escritura de cartas es algo del pasado remoto.

Profesiones enteras desaparecen: muchas tareas de la fábrica están robotizadas; los exámenes bacteriológicos los hacen las máquinas; las secretarias sólo responden el teléfono y le llevan la agenda a los que están en la cumbre de la pirámide laboral; a los demás les corresponde atender su correspondencia, contestar teléfonos, relacionarse con clientes, mantener inventarios y órdenes entre negocios.

Una de las características de la nueva división del trabajo es la multitarea. Las aerolíneas, empresas de servicios y empresas atienden a sus clientes por medio de telefonistas que pueden estar en cualquier lugar del mundo, atendiendo varios clientes al mismo tiempo. Los ejecutivos de cuenta deben atender 3 o 4 labores simultáneamente.

La cultura de la multiplicidad de tareas está contenida en la tecnología y los muchachos saben cómo manejarla desde su más temprana edad. La dispersión de la atención se origina en el computador, en los juegos electrónicos y en las comunicaciones. La agilidad mental de los muchachos debe ser, en consecuencia, mayor a la de las generaciones antiguas. Leen mucho más pero de manera dispersa y sólo se focalizan al momento de leer las instrucciones para manejar un programa o un aparato. Escriben también más frecuentemente, pero adaptan el lenguaje a los requerimientos de rapidez y eficiencia del chat y cuentan con ventanas de información inmediatas en la nube cuando se trata de investigar algún tema.

Daniel Kahneman plantea que pensamos con dos sistemas: uno intuitivo que responde rápidamente a las situaciones y otro más lento y analítico para encarar problemas difíciles de resolver, tomar decisiones trascendentales y escribir ensayos o literatura. Con la nueva división del trabajo, los muchachos están dependiendo más de pensar con el sistema intuitivo que con el analítico.

Ante lo nuevo, los profesores nos podemos declarar perplejos o derrotados, pero también insistir en que debemos desarrollar el sistema analítico de nuestro pensamiento. La literatura, la filosofía, las ciencias sociales y las ciencias en general deben contar con el interés y la vocación de los estudiantes para poder deleitarse y focalizarse en el desarrollo de sus facultades en cada una de ellas. Debemos comunicarles que la escritura es fundamental para organizar el pensamiento y aprender de forma profunda lo que nos resulta más difícil. Se requiere todavía en las burocracias privadas y públicas.

El ensayo surge de una estructura subyacente que el estudiante debe construir conscientemente: una introducción en la que anuncia su aporte dentro del estado del arte, un desarrollo de los datos que lo lleva a probar su aporte y una conclusión. En el ensayo, al igual que en la literatura, es fundamental seducir al lector.

Hay que insistir en que en la escritura existe una ética del reconocimiento por el pensamiento ajeno y por eso la citación debe separar lo que aportamos de lo que aprendimos de otros autores. No hay problema con el copiar-pegar con tal de que se informe de dónde salió y no se contente con el fragmento que se cita.

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