Por: Hernán González Rodríguez

Escuchar no implica negociar

Entiendo que en los diálogos convocados por el presidente Iván Duque con el Comité Promotor del Paro en la Casa de Nariño, con el fin para el Gobierno de terminar pronto los paros, difiere totalmente del fin de los Promotores cual es negociar los 13 puntos consignados en su carta de los NO: no a la reforma tributaria, no al fracking, no a la reforma pensional, no a las reformas laborales, no a las privatizaciones, no a la fumigación con glifosato, no al Esmad, no al holding financiero y sí a los costosísimos acuerdos de La Habana.

Como era de esperarse, terminaron sin acuerdo las tres o cuatro primeras reuniones. Los Promotores se declararon insatisfechos, porque a ellas asistieron los representantes del Gobierno solo a conversar y los Promotores fueron a negociar, sí, a negociar sus exigencias. Negociar solo alguno o algunos de los 13 no mencionados, bien puede superar las posibilidades financieras del país y precipitarnos en una caótica cesación de pagos.

No confundamos escuchar con negociar. El deber del presidente Duque radica en escuchar a los colombianos con el fin de ver si lo que proponen mejora su agenda de gobierno, si se ajusta a ella y si se pueden financiar sus exigencias. Escuchar no implica negociar para satisfacer la opinión de unas minorías que incitan a movilizaciones que paralizan el derecho al trabajo digno y justo e informan mentiras para aumentar los descontentos, con el fin de preparar el electorado para sustituir a Duque en el 2022 y remplazarlo por un dictadorzuelo bolivariano. Las protestas de Chile, de acuerdo con opiniones autorizadas, les están retrocediendo sus progresos.

La democracia, el gobierno del pueblo, exige: 1. Elecciones limpias, libres, justas y frecuentes. 2. Libertad de asociación en partidos o grupos de interés. 3. Electorado informado sobre las consecuencias y las alternativas. 4. Libertad de expresión de las ideas en público y con responsabilidad. 5. Fuentes de información independientes. 6. Participación elevada de la población. 7. Reconocimiento de que los derechos de cada ciudadano llegan hasta donde empiezan a perjudicar los de su vecino. 8. Igualdad de oportunidades con la natural desigualdad de los resultados entre los ciudadanos.

“Desde los tiempos de Aristóteles se reconocía que ningún sistema político, incluyendo la democracia, alcanzaba a cumplir todas las exigencias que correspondían a sus ideales. Así, mientras las instituciones existentes en muchos de los sistemas actuales se consideran suficientes para alcanzar niveles elevados de democracia, no son ellas suficientes para alcanzar a ser algo así como democracias perfectas, ideales. Sin embargo, las instituciones en numerosos países pueden producir y producen aproximaciones satisfactorias a los ideales”. Tomado de la Enciclopedia Británica.

Colombia ha sido, es y será siempre una democracia imperfecta en evolución permanente; pero tolerable y apoyada por el 70% de los colombianos que no están de acuerdo con las movilizaciones del Comité Promotor del Paro. Comité cuyo poder de transformación de nuestra democracia se aprecia tan reducido como sus azarosas o inexistentes opciones para suspender los plantones y cacerolazos. Temo a los autócratas crueles que gobiernan tras los cambios de modelo económico que nos proponen por ahí. Envidio las democracias liberales que nos aventajan por su mayor desarrollo humano, por los mayores ingresos de sus habitantes, por su tecnología, salud, educación… Un colombiano de clase media vive hoy mejor que su antepasado rico de hace un siglo.

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