Por: Patricia Lara Salive

Escuche a Samper, Presidente

EL EX PRESIDENTE ERNESTO SAMPER publicó el domingo un artículo sobre la inconveniencia de que haya bases militares gringas en Colombia. Sus trascendentales planteamientos no pueden pasar desapercibidos.

Dice él que el antecedente de esta decisión es el cierre de la base Howard de Panamá, y su reemplazo por la de Manta en Ecuador. Cuenta que el presidente panameño Pérez Balladares se negó a que, desde la base Howard, pudieran “seguir lanzando operaciones especiales sobre el continente que no estuvieran directamente relacionadas con la lucha contra el narcotráfico” y que proponía que un comando conjunto de los países del área “vigilara y certificara el tipo de actividades que se cumplirían desde la base”. La insistencia en el tema le costó a Pérez el retiro de su visa gringa y “motivó el traslado” de la base de Panamá a Manta, en Ecuador.

El ex presidente dice que esa base, “a pesar de haber sido convenida inicialmente para enfrentar la lucha contra el narcotráfico en el Pacífico, se empleó para (…) operaciones como la persecución de migrantes ilegales y la inmunidad pactada para sus integrantes se convirtió, a la larga, en una forma de impunidad que acabó con su prestigio y resintió todo el aparato de justicia ecuatoriana. Lo sucedido en Manta”, concluye Samper, “parece destinado a convertirse en un síndrome común a las bases norteamericanas, que terminan operando para todo menos para aquello para lo cual fueron creadas”.

El ex presidente advierte que con las tales bases no se va a fortalecer, como se ha dicho, “nuestra capacidad interna para combatir el narcotráfico y la guerrilla”, lo cual sería absolutamente legítimo, sino que se va a instalar “en el país una capacidad estratégica militar”. Entonces hace una propuesta que destrabaría las relaciones de Colombia con los países del área, especialmente con Venezuela: dice que si se pretende convertir (como parecería) la base de Palanquero en una base estratégica, ello debería acordarse con Unasur y concertarse con el gobierno de Estados Unidos “para que, desde el principio, quede absolutamente clara cuál es la naturaleza de la base, qué tipo de operaciones realizaría en su posible área de influencia, cómo va a ser manejada, qué uso se dará a su información y qué acceso tendrán a la misma los países afectados. Se trataría de un experimento, inédito en el mundo, para construir una verdadera ‘base hemisférica’ resultante de un acuerdo multilateral, aplicada exclusivamente al combate del narcotráfico y del terrorismo y producto del desarrollo de una política de seguridad regional propia de la globalización contemporánea (...) Todo ello sería posible”, concluye Samper, “a menos que existiera una agenda oculta detrás de este controvertido y peligroso acuerdo”.

Ojalá Uribe acoja esa propuesta de su antiguo jefe y abra, así, un sendero de verdadera cooperación regional en el combate del narcotráfico y del terrorismo, en vez de complicar las relaciones continentales hasta el punto de que pueda arrastrarnos a una impensable guerra entre vecinos. Ojalá…

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Me niego a creer que el general Maza se haya aliado con Pablo Escobar, ese enemigo que tantas veces quiso asesinarlo, para matar a Galán. Que se comprobara su complicidad en el magnicidio sería terrible, no sólo para el General, sino para quienes alguna vez confiamos en él y para la imagen del país. Ojalá Maza demuestre su inocencia. Y si no es inocente, que recaiga sobre él todo el peso de la justicia.

 

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