Eso se llama prevaricar

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Desde mucho antes de iniciar su campaña presidencial en el año 2001, Álvaro Uribe tenía claro que el combustible que estaba destrozando la fibra del tejido social colombiano era el narcotráfico, siendo las Farc y el Eln los principales actores de este flagelo. Al llegar a la Presidencia, Uribe sabía que no tenía alternativa diferente que enfrentar a los bandidos, y en agosto de 2010, cuando entregó el poder, el país tenía 45.000 hectáreas sembradas de cultivos ilícitos. Cuando su sucesor, Juan Manuel Santos, dejó la Presidencia en 2018, los cultivos ilícitos estaban en más de 208.000 hectáreas. El gobierno de Santos nunca quiso enfrentar al narcotráfico porque pensó que ponía en peligro el proceso de paz con las Farc. Hoy en día, con más de 6.000 narcoterroristas en armas (4.000 de las supuestas disidencias de las Farc y 2.000 del Eln), el narcotráfico nuevamente es el principal actor económico y social de país. Para ilustrar la enorme penetración de este flagelo es pertinente leer el informe de la revista Semana (agosto, 2020) sobre el Cauca: “Este año han asesinado a 59 líderes sociales y defensores de derechos humanos solo en ese departamento. Disidencias de las Farc, el Eln y el Clan del Golfo están detrás de esta sangrienta persecución… Esas estructuras (de narcoterroristas) se enfrentaron en zonas apartadas hasta por tres días sin parar. El Eln no aguantó el ritmo de batalla y se replegó hacia la cordillera, en Nariño, departamento vecino. En los primeros días de 2020, a la zona también llegó la autodenominada guerrilla Segunda Marquetalia, que tiene entre sus comandantes a Iván Márquez, a alias el Paisa y a Jesús Santrich”.

A raíz de la privación de la libertad del expresidente Uribe, uno se pregunta: ¿el narcoterrorista que opera y que asesina a líderes sociales en el Cauca es el mismo Santrich al que la Corte Suprema le permitió que se defendiera en libertad para poder fugarse cuando bien le diera la gana? La respuesta es que es exactamente el mismo. Con razón el editorial de El Tiempo del pasado 5 de agosto afirma sobre la privación de la libertad de Uribe: “Es así como, una vez conocida la noticia, muchos recordaron decisiones recientes de este mismo tribunal, sobre todo la que le dio el beneficio de la libertad a alias Jesús Santrich. Al respecto, es comprensible que el ciudadano de a pie observe distintos raseros en términos de garantías al contrastar ambas determinaciones”. A millones de colombianos nos queda el amargo sabor de que la decisión de la Corte Suprema en el caso de Uribe fue política. Y de ser una decisión eminentemente política y no jurídica, es extremadamente grave, porque eso se llama prevaricar, que en esencia es cuando un juez dicta una resolución arbitraria a sabiendas que dicha resolución es injusta y contraria a la ley. Los magistrados que prevarican deben sufrir todo el peso de la ley. Remember Baltasar Garzón.

Apostilla. Sobra decir que expreso mi total solidaridad con el expresidente Álvaro Uribe Vélez y su familia. No hay explicación para que los miembros del partido FARC tengan curul en el Congreso, mientras que Álvaro Uribe la pierde. Para el senador Gabriel Vallejo, “los narcoterroristas que no han dicho la verdad, que no han reparado a sus víctimas están sentados en el Congreso, y quien los combatió sin tregua hoy está privado de la libertad. Es una realidad muy dolorosa”.

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