Por: Luis Carvajal Basto

Espaldarazo a la Paz

Luego de una campaña cuya principal característica fue la degradación de la política, Santos fue elegido nuevamente.

 La manera como se desarrolló la campaña presidencial no registraba antecedentes: las propuestas de políticas y los programas de gobierno cedieron paso a las conjeturas, comentarios y la actitud de revancha de la campaña Zuluaga. Finalmente, se impuso la coherencia del presidente Santos al seguir buscando una Paz negociada y la serenidad de unas políticas públicas inspiradas en los principios Liberales de pluralismo y redistribución del ingreso para reducir la pobreza, tal como pronosticamos en nuestra pasada columna, cuando afirmamos que pese a su victoria en primera vuelta, Zuluaga había tocado techo, mientras Santos reflejaba, en las últimas encuestas, una renovada tendencia ascendente.

Pero las enseñanzas de las elecciones no terminan allí: el divorcio entre organizaciones políticas y opinión se notó y queda confirmado que en Colombia ya no se puede hablar de partidos hegemónicos. El fraccionamiento de la actividad política se puede fácilmente observar en las diferencias entre primera y segunda vuelta: Zuluaga acusó recibo de los votos conservadores de Martha Lucia Ramírez pero Santos duplicó de largo su votación inicial.

Aunque los niveles de participación aumentaron desde la primera vuelta para llegar al 48%, 8 puntos más, esa sigue siendo una asignatura pendiente de nuestro sistema político y de una Constitución que supone una amplia participación, no solo electoral, de la ciudadanía.

En el juego de Alianzas la convocatoria del Presidente a sectores de Centro- Izquierda tuvo resultados impresionantes como el conseguido en Bogotá y la participación masiva del Liberalismo de la Costa Caribe. El Presidente reaccionó a los resultados de la primera vuelta recomponiendo su campaña con los resultados observados y saliendo del terreno que le ofrecía su oponente: El país respondió negativa y mayoritariamente a la intención de personalizar la política en detrimento de las instituciones que representaba la candidatura Zuluaga, quien apareció claramente como un candidato delegado o suplente del ex presidente Uribe: Pese a sus recomendaciones los colombianos prefirieron reelegir a un presidente con experiencia que a quien fungía, apenas, como un delegado.

Pese al resultado electoral y a una victoria conseguida por más de un millón de votos, adquiere renovada vigencia una frase de un editorial del Espectador la semana anterior: “¿Cómo hará el ganador para congregar a ese país que se le opone?”. Sanar la fractura de un país dividido en torno no a la manera de negociar con las FARC sino a los límites con que se ejerce la autoridad del Estado, en una Colombia en que muchas veces han chocado las garantías constitucionales con el conflicto armado que, con este mandato fresco, debe llegar por fin a su final.

Santos, además de este primer plebiscito que ha ganado por la Paz, tiene garantizada ampliamente su gobernabilidad en el Congreso y el inicio de su nuevo gobierno es el momento indicado para relanzar reformas inaplazables en áreas como educación y justicia, y ofrecer unas alternativas ciertas a la población que vive, en condiciones lamentables, en el sector rural, manteniendo las políticas que generen más empleos. Por otra parte, debe tomar la iniciativa para realizar una verdadera reforma política. ¿Podrá conseguirlo con el mismo equipo de gobierno?.
@herejesyluis

 

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