Por: Columnista invitado

España, punto final

No hay que perder la memoria: esta triste España, que se fue antes de tiempo del Mundial de Brasil 2014, ya escribió un capítulo dorado e imborrable en la historia fútbol.

Un capítulo que arrancó en la Eurocopa del año 2008, de la mano del técnico Luis Aragonés, y siguió con el Mundial de Sudáfrica 2010 y la Eurocopa de 2010, bajo el mando del actual entrenador, Vicente del Bosque.

Lo que ocurrió el miércoles pasado contra la selección de Chile fue tal vez el punto final de un gran estilo de juego que dio muchos éxitos y triunfos maravillosos.

La diferencia en el partido la marcó la actitud, esa que tuvo Chile y que nunca se le vio a la selección de España, que había llegado a Brasil con el desafío de defender la corona ganada hace cuatro años. Ambos llegaban a este encuentro con realidades diferentes: los chilenos potenciados por su victoria en el estreno ante Australia; los españoles golpeados por la goleada que les propinó la brillante selección de Holanda.

Y Chile sabía que muchas de sus chances de clasificar a la siguiente ronda del Mundial dependían del resultado en ese partido. Era el momento de agarrar al campeón del mundo, que venía arrodillado y golpeado, y no dejarlo reponerse, porque si lo hacían ponían en riesgo su avance a octavos.

Para España debía ser el partido del campeonato. Era el momento de mostrar orgullo y carácter, el momento de apelar a su alma de campeón del mundo, pero simplemente jugó un partido más. La selección de Chile, en cambio, actuó como si fuese la final del Mundial, con actitud y una gran dosis de dinamismo, agilidad y velocidad.

Fue un triste final para el campeón, que nunca hizo pie en esta Copa Mundo. Mientras que para Chile fue un premio al coraje y a la humildad. Los titulares de la prensa dijeron que perdió España, pero yo prefiero decir que ganó Chile.

 

*Gustavo Alfaro

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