Por: Danilo Arbilla

España sin eñe

El esperanto es el idioma universal, pero nadie lo habla.

Con el idioma español pasa algo parecido. No es que a la lengua castellana no la hable nadie; por favor, somos más de 500 millones los que la esgrimimos sin dar un paso atrás. Lo que ocurre, es que el lugar en donde cada vez se habla menos y hasta podríamos decir, se deja más de lado,  es en España ; en la península ibérica, digamos.

En estos días, en Cataluña, el tribunal supremo (no hay nada chico) acaba de dar una cornada, y eso que ya terminaron con  los toros, al bilingüismo obligatorio en la enseñanza que aseguraba la presencia del castellano. No corre más. Solo es obligatoria la enseñanza en catalán y el que quiera recibir enseñanza en español debe recurrir a la justicia y esta deber obligar a los centros e instituto a impartírsela al reclamante en ese "segundo” idioma. Así de sencillo.

Quizás al reino, que tiene esparcidos por el mundo unos 78 institutos Cervantes  para promover el español le convendría instalar algunos por Barcelona y sus alrededores para revitalizar un poco al viejo y querido castellano. Con el Real Madrid por ahora no basta y menos con un técnico apellidado Mourinho, que no habla el idioma y al que no lo traga ni Pepe. A los Cervantes supongo que podrían ir los rebeldes que  insisten con el viejo castellano sin necesidad de recurrir a la justicia. Sería una forma de ganar algunos soldados que cada vez parecen más necesarios. Porque los catalanes están con un entusiasmo desenfrenado: ayer los toros, ahora el idioma, en cualquier momento arremeten contra la monarquía.

Pero todo esto no quiere decir que peligre el idioma español. Que desaparezca nuestra amada lengua a poco más de un milenio de su nacimiento allá por La Rioja en los Monasterios de San Millán de la Cogolla cuando algún monje estampó en castellano – y en euskera justo es consignarlo- la Glosas Emilianenses, puntapié inicial  de nuestro hablar. Para que eso no pase esta la América hispana y todos los hispanos que pueblan las Américas y el resto del orbe.

Es que España se confía y se descansa en ello. Y va más lejos; está confiada en que parte de sus problemas económicos – que tampoco son nada chicos- tienen solución en playas americanas, como ya ha ocurrido en ocasiones anteriores; en diferentes períodos, desde 1492 a la fecha. En esa línea cifra grandes esperanzas en las Cumbres Iberoamericanas – la última casi desaparece y es velada en Paraguay-  y espera que resurjan con brío en Cádiz en noviembre próximo y al grito de "Viva La Pepa” permita a España "ser partícipe del envidiable crecimiento latinoamericano ",al decir de Rajoy.. El plan es que se abran puertas hacia "el nuevo continente” para las medianas empresas españolas.

Quizás las cosas ahora no sean tan fáciles. Por un lado  hay  actitudes de la España europea que aún están frescas, y por el otro, ahora los que están “agrandados” son los de esta orilla. Por ejemplo. Para marzo se anunciaba que Brasil comenzaba a aplicar para el ingreso de visitantes españoles las mismas medidas que en España se aplican a los sudamericanos (llamados allá "sudacas“): pasaje de ida y vuelta, mínimo de uno 100 dólares por día de estada, seguro de salud por 30 mil dólares, reserva de hotel y si iba a casa particular, carta invitación certificada por notario. 

Te trataban y te miraban de arriba a abajo, poco menos como si tuvieras sarna. Ahora se les paga con la misma moneda; y se lo merecen, habrán de pensar muchos de los miles que a lo largo de los años  fueron maltratados  en Barajas y otros puestos fronterizos.

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