España: ¿una democracia intervenida?

Cuando el jefe de gobierno de un país soberano se queja por falta de Libertad.

Son tiempos difíciles para la democracia en todo el mundo. A la crisis financiera se ha añadido la fiscal de los gobiernos. En un escenario así, el tránsito hacia la unidad política de Europa parece hoy un hecho tan probable como su colapso.

La imposición de fuertes recortes a España, por parte de la Unión Europea a instancias del gobierno alemán, ha sido asumida por el gobierno español de manera vergonzante: primero, negando tal imposición y tratando de presentar el rescate como una responsabilidad del sector financiero y no del gobierno; ahora, cuando ha debido implementar las exigencias, quejándose por falta de Libertad para decidir la rebaja de salarios, el aumento del IVA y la reducción del tamaño del Estado. ¿Qué significa todo esto?, ¿Se trata, en verdad, de una intervención en el régimen político, en su soberanía?

La realidad es que desde la creación del FMI, en la posguerra, los límites de las decisiones soberanas de los Estados, más en las naciones en desarrollo, comenzaron a desdibujarse: el auge del comercio mundial y la búsqueda de un sistema global de cambios confiable, dieron lugar a las recomendaciones de política que en muchos países convirtieron la estabilidad fiscal en un objetivo situado antes que el bienestar, a corto plazo, y el gasto social. Con esos antecedentes, las exigencias de la Unión Europea al gobierno de España no deberían sorprender a nadie, menos si se considera que hace parte de un proyecto que comenzó con una zona de libre comercio y un arancel externo común, pasando por la unidad monetaria, pero debería terminar, en algún momento, en la unificación política. Así ha sido concebido y diseñado.

Así las cosas, el señalamiento de lo que ocurre, como de una “democracia intervenida”, se convierte en uno de mala política, para el consumo interno, que desconoce la perspectiva europea tanto como los cambios económicos en la globalización que no han encontrado su contraprestación política e institucional. Si algo ha revelado la crisis financiera es que la forma de organización de gobiernos e instituciones resulta insuficiente para corresponder a las nuevas realidades de la estructura productiva y los mercados globales.

El ejemplo de Europa pone en evidencia una de las mayores paradojas de la época: España, como los demás gobiernos de la Unión, no tiene autonomía monetaria pero la Unión Europea tampoco tiene la capacidad de controlar los ingresos y gastos de los gobiernos, sus instrumentos de política y los impuestos. En síntesis, los países ya no son tan soberanos, pero Europa todavía no es Europa.

En este periodo de transición hacia la unidad política o el colapso, los esquemas y los políticos locales ofrecen sus “últimas” batallas, lo cual es apenas natural si se considera que los gobiernos son elegidos nacionalmente lo cual ha constituido, hasta hoy, la esencia de un régimen político que necesita, urgentemente, actualizarse. Es en ese escenario que el presidente del gobierno ha debido reconsiderar sus promesas de campaña, de la misma manera que su antecesor debió hacerlo. A los dos les “sorprendieron” las características de la globalización que adelantaron la hora de las definiciones y el momento de cruce de caminos en que se encuentra Europa.

Para quienes, a mediados de los setentas, la salida institucional de la dictadura franquista se solucionó apenas parcialmente con la ambigüedad de una monarquía Constitucional y la “sorpresa” de un Rey democrático, esta debe ser una oportunidad para reivindicar un régimen político, como la democracia, que tiene que ver más con la Libertad, la equidad y el Estado de bienestar que con el tamaño. Parece llegada la hora de más democracia y más Europa. Desde todas partes del mundo estamos, expectantes y un poco ansiosos, observando el desenlace de un proceso que podría definir el rumbo de la humanidad en estos tiempos.

@herejesyluis

 

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