Especial China

Un periódico se compra porque ofrece documentos como el ‘Especial China’ de la edición de ayer. Porque permite conocer opiniones inteligentes y refrescantes, como las de: José F. Isaza, Salomón Kamanovitz, Rafael Orduz, Ma. Elvira Bonilla, Guillermo Angulo, Ramiro Bejarano, Lisandro Duque, Alejandro Gaviria, Cecilia Orozco, Ana Milena Muñoz, Héctor Abad, Aura Lucía Mera, Patricia Lara, William Ospina, Santiago y Armando Montenegro y, por supuesto,  Manuel Drezner y José Salgar. Solamente me faltan Fernando Garavito y Paloma Méndez, ojalá vuelvan pronto. Enrique Uribe Botero. Bogotá.

No endiosemos

No es el fútbol lo que me disgusta; son sus protagonistas: jugadores, técnicos, periodistas y algunos aficionados.

Fui hace muchos años uno de esos tarados que pegaba a mi oreja un radio para escuchar sandeces antes, durante y después de un partido, y aún me parece inadmisible que un comentarista del fútbol hable tanta pendejada durante tantos días. Repiten exactamente lo mismo, sea cual sea el partido, realizan las mismas tontas preguntas a sabiendas de que recibirán las mismas tontas respuestas.

De no ser por el desempleo que se genera, considero que estos señores sobran; un buen narrador acompañado de una buena voz que agrade y venda son suficientes para quienes no asisten a los estadios, para los que asistimos pues supuestamente entendemos algo, y podemos formarnos nuestros propios conceptos y comentarios sobre los acaso veinte minutos reales de juego.

Los técnicos me parece que realizan una importante labor, pero rara vez su teórico trabajo se cumple en el terreno de juego. Finalmente, son los jugadores los que sobre el terreno tienen que ir ajustando las cargas, y son simplemente sus improvisadas y geniales jugadas las que definen los resultados.

Los técnicos también padecen de ese mal del comentarista y del futbolista, siempre dan las mismas respuestas. ¿Será que en tantas y tantas décadas no caerán algún día en cuenta unos y otros de tal verborragia?

Muchos aficionados asisten al estadio no para disfrutar de un rato de esparcimiento; todo lo contrario, llegan a las graderías a desahogar sus represadas y desadaptadas conductas, simplemente chirrean en altos y grotescos tonos cuanta vulgaridad conocen y se las gritan a jugadores, árbitros y al mismo cemento o simplemente al aire; ya que no lo pueden hacer en sus hogares, lugares  de trabajo o sencillamente en el entorno que frecuentan y viven.

Pero lo realmente preocupante de este deporte es el gravísimo daño que periodistas, técnicos y aficionados le hacen a un empleado, llamado en este caso futbolista, al endiosarlo, en  hacerle creer a ese simple ciudadano que es algo salido de lo común, que es un superdotado que está fuera de concurso porque sobrepasa lo divino y humano.

A estos jóvenes que honestamente se ganan la vida corriendo tras un balón, y sin importar con cuánto dinero sean remunerados; los mismos que los endiosan luego los ponen en la picota y despotrican de ellos sin la más mínima consideración.

¿Y los genios qué endiosaron? ¡No; ni los menciono, ellos son todo sabiduría, todo poder!

Raúl de Jesús Moreno.  Bogotá.

Ministerio de Protección Social

Es el colmo del descaro, no debería llamarse Ministerio de la Protección Social, sino Ministerio de la “Desprotección Social” desde que asumió el doctor Diego Palacio Betancourt, pues cada vez los colombianos nos sentimos defraudados, porque sigue siendo un caos el pago de aportes a la “seguridad social” y los temas de salud y la atención empeoran. ¿Dónde están las verdaderas cifras de las cosas positivas que ha hecho? ¿Acaso no estamos en que para lograr un cargo o un puesto en cualquier entidad, el mérito, la honradez, pero sobre todo el servir a los demás, deben imponerse? Se están cercenando los principios y el verdadero valor de una profesión hecha vocación, arrojándolos en la mediocridad y conveniencia personal. 

 Rodolfo Pinilla Poveda.  Madrid.

La Cumbre

Atinado el editorial en el que se plantea que la que se inició ayer en Cartagena es, palabras más palabras menos, otra Cumbre más en la que se reúnen para darle palo a los consumidores y a los productores de drogas. ¿Hasta cuándo? ¿Por qué la academia no tendrá efectos sobre los que toman las decisiones? ¿No es hora ya de cambiar el enfoque punitivo?

 Simón Ortega. Cali. 

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