Por: Daniel Pacheco

Espichar la salchicha

HAY UN PROFUNDA IRONÍA EN QUE Álvaro Uribe sea el conferencista más cotizado de Centro América, como lo afirma The Economist.

No hay duda de que el expresidente llega a todos lados con un envidiable arsenal de resultados bajo el brazo, sobre todo para los centroamericanos, por estos días tan necesitados de un salvador. Pero pocos como Uribe contribuyeron tanto al desplazamiento del crimen hacia el norte, donde hoy llega entre aplausos por haber espichado la salchicha en Colombia, que ahora se inflama afuera de los auditorios que lo escuchan en Centro América.

Sin embargo, no es este un comentario sobre los dolos del presidente, que en este caso creo son improcedentes. Es ridículo echarle la culpa por haberle complicado tanto el negocio a los narcos, que hoy empiezan a preferir enviar la pasta de coca cruda a Honduras, para montar allá los laboratorios de cocaína.

Los culpables en medio de esta ironía somos los que pensamos que la posición que representa Uribe es incorrecta. La ausencia de miradas colombianas alternativas acerca de lo que sucede en México y Centro América es, en términos morales, una vergonzante falta de simpatía ante el desastre de derechos humanos que vive esta región. Especialmente en un país con voces tan prestas al derroche de verbo humanitario, en nombre del pueblo libio, por ejemplo, mientras en Guatemala la tasa de homicidio subió más que durante la guerra civil.

En términos prácticos también es un despropósito que se imponga la versión del expresidente. Hoy parece que respiramos más aliviados porque la tormenta criminal se mudó, pero ¿qué pasa si aquí aflojamos y en México nos espichan de vuelta la salchicha? ¿Qué pasa si los gringos cambian el grifo de dólares de Colombia a Centroamérica? Esas respuestas no las tiene Uribe. O sí las tiene, pero son las mismas: “Espiche, mijo, espiche”.

La culpa, sin embargo, no es buena consejera. La dificultad para opinar sobre la epidemia de crimen organizado, que según cálculos del Banco Mundial le cuesta 8% de su PIB a Centro América, no es exclusiva de los colombianos.

Recién llegado de México, Steven Dudley, el codirector del centro de pensamiento colombo-estadounidense sobre crimen organizado In Sight, me contó que un analista mexicano que siempre tiene una opinión de todo, no supo qué opinar sobre las fosas de San Fernando, en Tamaulipas. Dudley dice que el crimen organizado en México creció tanto de la mano de los carteles, que hoy hay grupos sin estructuras verticales de mando. Para Dudley estos grupos son “crimen desorganizado”.

Más allá de lo complejo que es seguirle el ritmo a la adaptación del narcotráfico, de lo controversial que es pensar en otras políticas de drogas, de lo riesgoso que es reducir complejos fenómenos políticos de cada país, creo que hay evidencia para afirmar que este es el principal reto de las democracias en América Latina. Espero no quedarme solo al decir que no me gusta que me espichen la salchicha.

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@danielpacheco

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