Por: Pascual Gaviria

Espiritismo y política

OYENDO EL CONCIERTO DE VOCES de ultratumba que anima las grescas políticas en las plazas y los congresos de nuestros vecinos, viendo las actuaciones de algunos médiums con banda presidencial, expertos en levantar los brazos e invocar el espíritu de un santón de la patria para tomar decisiones sobre el banco central o los impuestos o los tratados comerciales, he terminado por agradecer la prudencia y el silencio de nuestro altar de mártires políticos.

A pesar de los muchos males, parece que nos hemos librado del culto que los fanáticos o los oportunistas suelen alentar sobre la figura de bronce de algún venerable.

En Venezuela, en Ecuador, en Nicaragua, en Argentina y, ni qué decir en Cuba, se practica esa especie de gobierno por interpuesta persona que a todo responde con la exaltación de una cita entre comillas, con himnos a cambio de argumentos. En la tarea de reencauchar un discurso, algunos presidentes han terminado luciendo la mirada dudosa de los candidatos a la reencarnación. Las arengas se elevan a la altura de los símbolos patrios y la militancia se convierte en una religión nacional.

Venezuela es el caso más extremo, dadas las calidades del encumbrado y su émulo. No todo es culpa de Chávez. Las cenizas de Bolívar reemplazaron el sagrario y el Cristo en el altar mayor de la iglesia de la Santísima Trinidad en el centro de Caracas. Desde hace mucho tiempo Bolívar hace de milagroso en la política venezolana. Chávez ha aportado sólo algo de agresividad y folclor. En 1994, durante sus reuniones de campaña, el teniente coronel dejaba siempre una silla vacía destinada al Libertador. Espiritismo y política.

En Ecuador, una cabeza gigante de Eloy Alfaro, su mirada severa desde lo alto, vigiló las sesiones de la Constituyente en la localidad de Montecristi. El machete de “El viejo luchador” se convirtió en símbolo de la concordia nacional. Y el presidente de la Asamblea marcó el rumbo con una sentida oración: “Nuestro compromiso es por el imperio del orden sobre el desorden impuesto por la egolatría mercantilista. Para lograrlo recuperamos de Eloy Alfaro la satisfacción por el servicio comprometido con el otro y la renuncia a la posesión y al lucro”. Nadie podrá decir que Rafael Correa es un usurpador, tiene un parentesco lejano con Alfaro y ha prometido seguir sus huellas: En esta hora de revolución y esperanza le decimos tranquilo mi General”.

En Argentina el matrimonio Kirchner intenta seguir los pasos de Juan Domingo e Isabelita. Las montoneras de Luis D’Elia y compañía, grupo de choque de Cristina Fernández en las calles, responden con furia a los gritos contra las oligarquías del campo. Cristina no hay sino una, pero tiene las ventajas del 2x1: puede invocar a Evita o a Isabelita según el humor con que se despierte. Qué decir de Ortega, no sólo remedo de Sandino sino de sí mismo. La osadía de la lucha contra Somoza se agotó hace mucho tiempo, sólo le queda recostarse contra los innumerables murales que hacen honor a Sandino en toda Nicaragua.

El cadáver de Gaitán con su boca torcida y su gesto de durmiente común, bien podría encarnar a nuestro agitador de ultratumba. J.A. Osorio Lizarazo termina uno de sus aplausos a Gaitán proclamando su victoria después de la muerte: “No podrán apagar jamás la llama fulgurante que encendió en el corazón del pueblo”. La llama se quedó en los incendios. Tal vez le faltó ejercer el poder para lograr la ascendencia perpetua, también los mártires necesitan mandar para hacerse fuertes. El cuerpo de Galán en la tarima de Soacha apenas sirvió para alentar los tres meses largos de una campaña presidencial. Y para el triunfo. No queda más que agradecerles a estos muertos ilustres por su sincero descanso.

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