Por: Antonio Casale

Espíritu olímpico

Los Olímpicos y su trascendencia deben servirle a nuestro país en varios aspectos.

Por un lado, la escala de valores que ofrece el deporte debería servir como espejo para una sociedad cada vez más intolerante, amante del dinero fácil y otras estupideces como marco para una vida “plena”. Por otra parte, estas justas deben servir para que el país entienda que deporte no es sinónimo de fútbol, que en otras disciplinas las cosas sí se están haciendo bien y los resultados saltan a la vista. Que si les diéramos la difusión y el apoyo que se merecen, tendríamos más y mejores deportistas en muchas disciplinas.

Para tocar el primer tema, es necesario reconocer el valor que tiene el proceso olímpico para cualquier deportista. A unos juegos no se llega pagando una inscripción. Cada uno de los deportistas tuvo que clasificar, ya fuera cumpliendo marcas mínimas o eliminado a un número determinado de rivales. Estar en unos Olímpicos es consecuencia de la conjugación de aspectos que hoy parecen olvidados en una sociedad carcomida por la ley del mínimo esfuerzo, regida por la necesidad del resultado rápido, así sea a costa del bienestar de quienes nos rodean.

Valores como la constancia, la disciplina, la solidaridad para el trabajo en equipo, la mesura en la victoria y la serenidad en la derrota son fundamentales en el deporte. También el desarrollo de la fortaleza mental, tan necesaria para aguantar todas las dificultades que se presentan en el camino al triunfo. Son apenas algunos de los parámetros que nos presentan por estos días las diferentes competencias en Londres y que deberían servirle a nuestra patria boba, partiendo del individuo, pasando por la familia, llegando a los equipos de trabajo en las oficinas e incluso hasta quienes manejan los destinos del país, para construir el futuro sobre otras bases, distintas a las que propone el modelo actual, edificado sobre la horrorosa cultura ‘traqueta’.

De la misma manera, pasando ya a lo deportivo, estos juegos deben servir para que entendamos de una vez por todas que disciplinas como el ciclismo, el tenis, la natación, el atletismo, y otras tantas, merecen mayor atención de parte nuestra. Acostumbrados a que las páginas deportivas son consumidas en su mayoría por los aconteceres en las canchas de nuestro vetusto fútbol, esperanzadoras son las noticias que ofrecen a nivel mundial nuestros exponentes de otros deportes. En muchos de los casos son gestas construidas a partir de federaciones serias, bien organizadas, pero que carecen de apoyo económico, porque estamos tan “futbolizados” que la gran mayoría de los dineros que soportan nuestro deporte están destinados a la actividad balompédica.

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