Por: Columnista invitado

Espiritualidad: Asunto cotidiano

sonas respondieron al llamado. Si Cada vez que en la vida diaria enfrentamos con valor las adversidades y con gratitud las bendiciones, traemos a la mano el mundo espiritual.

Cada vez que en nuestro día a día aprendemos acerca del sentido y misión de la propia existencia y servimos a otros, nos damos cuenta de que el universo espiritual es un asunto cotidiano.

Aunque según nuestras tradiciones, solo accedemos a dicha dimensión a través de ritos y creencias religiosos que están guiados por seres iluminados, sacerdotes o gurúes, sentir paz, amor por el otro y pertenencia al mundo, es algo que sin duda puede ocurrirnos sin que medie nada diferente que el reencuentro con nuestra conciencia.

Y es que nosotros los humanos comunes y corrientes, somos seres trascendentes. Nos conectamos con el ámbito espiritual a través de experiencias que van desde la belleza del amanecer, la alegría de abrazar un recién nacido, hasta desarrollar una conciencia de hermandad capaz de disolver los prejuicios de clase, género o raza, con los que se discrimina al otro, pasando por identificar la pasión que inunda de fuerza y alegría la vida individual.  

De manera contraria, experimentamos vacío existencial y desesperanza, por ejemplo, cuando ni siquiera la sonrisa de un niño despierta alegría o estamos tan seguros de que vale pena desconfiar de tal forma que cualquiera que sea diferente, se convierte en una amenaza que hay que eliminar. 

Así, al discriminar o dominar, cerramos la puerta al despertar espiritual, aunque seamos practicantes de cualquier religión.

Hace unos pocos días un grupo de profesores de arte de una universidad, invitó a sus estudiantes a una convivencia en la que estos debían, entre otras cosas, declarar a quien del grupo odiaban y hacer caricaturas que mostraran defectos de los compañeros.  

Curiosa definición de convivencia la que estos maestros de arte  propusieron a sus estudiantes. Al parecer, convivir es  declarar enemistad y hacer del defecto del otro una ocasión para la burla: Es decir, dominar y discriminar.

No sobra decir que los aprendices sintieron dolor, desesperanza y desconfianza. Sin embargo, algunos escogieron trascender y desde su actividad rutinaria, crearon una obra que transformó la desesperación en plenitud. 

Ellos, a diferencia de  sus profesores que, teniendo la oportunidad de maravillarse   con la infinita creatividad de sus discípulos y prefirieron el vacío y el destructividad de la critica implacable, eligieron trascender y abrir el corazón. 

Qué maravillosa  propuesta  es vivir conectados con aquello  que nos hace únicos.    

Qué encantadora espiritualidad aquella que transforma serenamente las adversidades y oportunidades de nuestra cotidianidad, en escenarios propicios para desarrollar la sabiduría que aprende la lección de vida y conecta nuestra vocación de servicio.

 

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