Paro nacional: históricas marchas en Colombia y el mundo

hace 3 horas
Por: Brigitte LG Baptiste

Esquizofrenia creativa

“Todo lo puro tiende a enloquecer”, me recuerda con frecuencia la persona que más amo, parafraseando a Clifford Geertz, cuando me quejo de la dificultad para establecer debates, especialmente en las redes sociales (ya renuncié). Lo traigo a colación en este tiempo de transiciones ambientales llenas de intransigencias, polaridades y falsos dilemas, cuando nuestro reto es dejar de ser una cosa para convertirnos en otras, cuando estamos obligados a transformar profundamente nuestras culturas si queremos seguir existiendo en este planeta y, sobre todo, cuando tenemos miedo: el que implica quedarnos encerrados en las escasas seguridades del bienestar, construidas a menudo sobre el egoísmo, o las que implica el salto al vacío o al nomadismo.

Panarquía, bautizaron algunos ecólogos contemporáneos la capacidad de recibir con agrado las sorpresas que emergen dentro del movimiento incierto de la complejidad, un término que honra al dios Pan, quien implanta la fiesta y el desorden cuando la existencia parece quedarse congelada, cuando todo parece resuelto, pero nada lo está, porque el mundo se transforma permanentemente con o sin nuestra participación. Los foros ambientales globales precisamente han iniciado un debate sin precedentes acerca del “cambio transformacional”; es decir, acerca de la naturaleza del cambio que requerimos como planeta (no “en el planeta”) para seguir existiendo en medio de la crisis climática y de biodiversidad, una reorganización del ecosistema que implica un nuevo balance entre destrucción y creación.

En ese contexto, no podemos ser solo una invención narrativa, como lo propone el ambientalismo mágico, soñador pero irresponsable, a veces solamente más destructivo en su indignación que en su cualidad innovadora. Tampoco, obviamente, ser un correlato del triunfo del “desarrollo”, porque hay que construir un ambientalismo maduro basado en la justicia ambiental sin demoler el mundo, ya está demolido por las circunstancias; un ambientalismo capaz de navegar en la esquizofrenia de las múltiples identidades, pero que no se encierre en una de ellas garantizando el imperio de otra locura: en ello radican las bondades creativas de la ecología en la posmodernidad, pues la diversidad no es un ámbito para escoger y acrecentar el ego de ninguna razón única, sino para recorrer, desplegar y experimentar las muchas posibilidades de reorganizar la vida. Transitar no es pasar de un extremo a otro, como manifestaban mis amigas transexuales hace unos años; es mantener el movimiento y rechazar la captura del mundo, bien sea por una corporación hambrienta, un líder fascista o religioso con su solución final, un régimen populista dispuesto a sacrificar todas las minorías, arguyendo un bien superior para imponer la suya.

Construir sostenibilidad implica una revisión constante de nuestra posición en el ecosistema que hemos construido durante miles de años de cultura, un ecosistema enriquecido con las perspectivas que provienen de otorgar múltiples sentidos a las relaciones entre los seres vivos, los dispositivos y prácticas que inventamos, las maneras de organizarnos para compartir ese ejercicio permanente de crear naturaleza. Nada que ver con una perspectiva esencialista.

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2019-06-26T14:32:29-05:00

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2019-06-27T11:04:29-05:00

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Esquizofrenia creativa

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