Por: Tatiana Acevedo Guerrero

Está cansado el Norte

DE ABUELO CONTRABANDISTA Y abuela optimista, tengo las raíces en Ocaña, Norte de Santander.

El abuelo sucumbió ante una rutina de alcoholismo y mal genio a sus 40 años. Ella falleció de un ataque cardiaco a los 62, después de habernos manifestado su cansancio y deseo de descansar, tras una vida difícil. “Es la melancolía que embarga a todos los ocañeros”, diagnosticó mi mamá en una conversación entre coterráneos. “Tiene que ver con que nacimos en una tierra donde se siembra mucha cebolla”, replicó su interlocutor.

Pues bien, ni tristeza genética, ni cebollita roja. Es el resultado de varias décadas en que distintas violencias han devastado a la misma gente. Ocaña, Convención, Tibú, El Carmen y Gramalote —en Norte de Santander— fueron algunos de los municipios más afectados por La Violencia del 48. Años después fueron las intensas movilizaciones obreras y campesinas, violentamente reprimidas por el Estado. Una a una, hicieron presencia las guerrillas —Eln, Farc y Epl— , los cultivos de coca y los primeros grupos de autodefensa y extrema derecha. Asesinatos selectivos consumados por grupos como La Sociedad de Amigos de Ocaña y Muerte a Comunistas, precedieron la embestida del Bloque Catatumbo de las AUC.

Los ataques despiadados a la población civil por cuenta de agentes del Estado, guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes o “criminales emergentes” convirtieron el departamento en un escenario desordenado, paraíso de mafias y corruptelas, cuna de las brutales ejecuciones extrajudiciales.

La investigación “Tantas Vidas Arrebatadas”, publicada hace algunos días por la Fundación Progresar, da cuenta del terror al que fue sometido el departamento y alerta sobre la exorbitante cifra, de casi mil personas, víctimas de desaparición forzada durante los últimos nueve años.

El trabajo cotidiano de la Fundación con pobladores de ciudades como Cúcuta, Ocaña y Tibú, los lleva a concluir que, en la actualidad, estos hombres y mujeres sufren de cuadros de amnesia, afecciones cardiacas, ansiedad e hipertensión. Eufemísticamente hablando, padecen de un cierto “cansancio”.

Ñapa: Bien por el Grupo de Memoria Histórica, que ya celebra la tercera Semana por la Memoria. Pero mejor aún por las víctimas.

 

[email protected]

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Tatiana Acevedo Guerrero

La naturaleza urbana

Des/materializaciones

Trabajar, trabajar y ¿trabajar?

¿Cómo llegamos a este punto?

Ridículamente