Por: Luis Carlos Vélez

Esta es para usted

Una de las diferencias entre los adultos y los niños, aparte de la paciencia, es la capacidad de asumir responsabilidad; basado en el alto nivel de indignación y en el bajísimo nivel de participación, en Colombia somos, a lo menos, un país de kindergarden. Me explico.

No tiene correlación alguna el nivel de indignación nacional con su nivel de atención a las urnas. Vale la pena, con solo dar un repaso por los medios de comunicación y las redes sociales, para darse cuenta de que el centro de la conversación nacional está en la división provocada por el proceso de paz, el repudio a la corrupción y el debate político en la antesala a las elecciones, pero, ¿cuánto de eso se traduce en acciones? Muy poco.

La semana pasada se cumplió un año de la victoria del No en el plebiscito por el proceso de paz, que algunos exponentes de la oposición calificaron como el aniversario del conejo, pero en realidad el conejo más grande no estuvo en el proceso subsecuente que realizó el Gobierno para sacar adelante su iniciativa, sino en la falta de participación ciudadana en los ejercicios democráticos. Para refrescarles la memoria, en el plebiscito hubo un 62 % de abstención, es decir, más de 21 millones de colombianos se quedaron en casa y no se molestaron en actuar en uno de los momentos más importantes de la historia reciente de la nación. Fue la abstención más grande de los últimos 22 años.

Continúo. Muchos se rasgan las vestiduras insultando al presidente Santos por Twitter y haciendo cadenas en redes sociales, pero, ¿votaron? No. En las elecciones pasadas, el promedio de abstención de las dos vueltas fue del 56 %. Es decir, seis de cada 10 personas aptas para votar no lo hicieron y se quedaron en la casa viendo el partido por televisión.

Sigamos con la historia. Hablemos de los que sí lo hacen, de los que, por ejemplo, participaron en las legislativas pasadas. Ellos tienen la responsabilidad de haber elegido al Congreso que hoy nos rige y se destaca, en gran parte, por sus ausencias y escándalos de corrupción que ya salpicaron con sus desgracias a las Cortes. Nada más.

Entonces, ¿de qué nos quejamos? No tiene mucho sentido andar indignado sin actuar. Usted que no votó en las elecciones es tan responsable de lo que está pasando en Colombia, como usted que se dejó comprar el voto o usted que lo compró. Hasta que no hagamos como el alcohólico que va por primera vez a AA y acepta que tiene un problema con el trago, no daremos con la solución a nuestros problemas. Es el momento de levantarse y de entender que esto es culpa nuestra y de nadie más. Vote, participe, inscríbase, debata y actúe, para que mañana no tenga que salir a marchar. No se queje, actúe.

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