Por: Diana Castro Benetti

Esta es una técnica tántrica y es difícil

Respirar es tantra. Respirar activa cada célula. Respirar es un placer. Por esto nos negamos a hacerlo a todo pulmón.

Aferrarse al drama y el dolor es la vía más rápida al estancamiento. El deleite y la fineza de un gozo simple, suelen escabullirse por entre las urgencias de un futuro plagado de deudas.

Esta técnica tántrica, la de la respiración de fuego, exige lectura previa, comprensión y un mínimo de dedicación diaria para que expanda la felicidad que promete. No es para perezosos compulsivos, tímidos de closet o racionales furibundos porque respirar centrándose en flujos y circuitos no es fácil. Hay que mantener la conciencia puesta en el cuerpo y convocar los ánimos necesarios para activar el más profundo de los éxtasis. Las técnicas del tantra están al alcance de todos y su único riesgo es encontrar el placer.

Se empieza con los pies firmes en la tierra, sintiendo la planta bien anclada al suelo con la mirada en el horizonte. Las piernas relajadas y las rodillas ligeramente dobladas, los brazos sueltos a los lados del cuerpo, se inhala contrayendo el estómago como imaginando que el aire sube desde el cóccix hasta detrás de la parte baja de la espalda. Se exhala y se vuelve a inhalar. Se empieza de nuevo imaginando que el aire llega hasta el cuello y la base de la cabeza. Se exhala suavemente. De nuevo, se inhala llevando el aire por detrás de toda la espalda, se inclina ligeramente la cabeza y se imagina que ése aire, más sutil y ligero, se aloja en el centro de la cabeza un poco detrás de la frente. Se exhala suavemente imaginando que desde ese espacio amplio detrás de la frente, gotea un néctar dorado, único, sublime, precioso y parecido a la miel. Un líquido delicado que va permeando cada rincón del cuerpo, cada milímetro de piel. Al final y sin esfuerzo, se cierra el circuito dejando verter el néctar en un cuenco imaginario justo unos centímetros detrás del ombligo. Se repite en las mañanas o en las noches cuantas veces sea necesario hasta que el esfuerzo sea imperceptible y los beneficios evidentes.

Sí. Es difícil. Lo es mucho más para los rutinarios, los flojos, los quejetas y los llenos de peros. El amrit o néctar, es la esencia etérea de la alquimia interna. Un circuito de respiración que acerca el gozo a la inmortalidad. Calor, actividad, plenitud. Exótico momento. Todo un éxtasis que, además de sexual, puede ser misterioso. Para vivirlo se requiere audacia.

 

 

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