Por: Christopher Hitchens

Esta no es una prueba

Antes de que esto se vaya totalmente de las manos y se convierta en una repetición mística, es bueno recordar las cuidadosas frases del Artículo VI de la Constitución de Estados Unidos, que señala de manera muy cuidadosa y deliberada lo siguiente:

“Los Senadores y Representantes antes mencionados, y los Miembros de varias Legislaturas de Estados y todos los Funcionarios del ejecutivo y judicial, tanto de los Estados Unidos como de varios Estados, deberán estar comprometidos por el Juramento de Afirmación, para apoyar esta Constitución; pero nunca deberá requerirse una Prueba religiosa como Calificación para cualquier cargo público en Estados Unidos”.

Como es tan frecuente, los padres fundadores querían decir lo que decían, decían lo que querían decir, y no arriesgaban gastos de palabras. Un candidato electoral, o un postulante para un puesto  público, no podía ser descalificado con base en su fe personal en cualquier Dios (o tampoco por su incredulidad respecto a cualquier Dios). Esta estipulación fue diseñada para poner fin a la odiosa práctica de las monarquías europeas y a la práctica preexistente de varias colonias norteamericanas por las cuales si un hombre no afirmaba la Trinidad, o negaba al Papa, o abjuraba del judaísmo (dependiendo de la jurisdicción) podía impedírsele aspirar a cargos públicos.

Junto con la Primera Enmienda, y el Estatuto de Virginia sobre Libertad Religiosa, forma parte de la gloriosa historia de la primera constitución que garantiza la libertad religiosa, el pluralismo religioso y la libertad de que a uno lo dejen tranquilo los sacerdotes y rabinos y mullas y otros personajes.

Sin embargo, lo que el Artículo VI no hace, y nunca intentó hacer, es impedirme decir, de la manera más exaltada posible, que no pienso votar de manera alguna por un afectado palurdo como el candidato presidencial republicano Mike Huckabee, un insólito y estúpido primate que carece de la elemental inteligencia para admitir que lo es. Y ese es mi derecho a decir y a creer lo que ya me garantiza la Primera Enmienda. Y el derecho de Huckabee a ganar la elección y ocupar la Casa Blanca con retardados mentales como él mismo, no se verá afectado porque yo exprese mi opinión.

Entonces, ¿podemos, por favor, reducir esta deliberada equivocación sobre el Artículo VI? Si va más lejos podría, incluso, convertir en delito cualquier crítica a un candidato teocrático para un alto puesto. Les pregunto ahora: ¿parece probable que cualquier artículo de la Constitución de Estados Unidos haya sido escrito de tal modo que usted no pueda decir de manera pública, libre, y sin temor alguno, que decididamente no votaría por:

–Un candidato que dijo que el Papa podía excomulgar a otros candidatos norteamericanos con los cuales él no estaba de acuerdo.

–Un candidato que dijo que el Papa mencionado más arriba era el Anticristo.

– Un candidato que dijo que Joseph Smith, el fundador de la secta mormona, era un visionario.

– Un candidato que fue un miembro de Jezbolá, o de la Hermandad Musulmana, o de la Nación del islam.

– Un candidato que fue partidario o miembro del Opus Dei o de la Falange española.

– Un candidato que fue un miembro de la Nación Aria, del Ku Klux Klan o cualquier otra facción de “Identidad Cristiana” protestante blanca.

La lista no es exhaustiva. Pero, al decir que un simpatizante de cualquier creencia de ese tipo seguramente influiría en mi voto de manera negativa, no me aplico ningún “test religioso”. Para hacer eso, tendría que ser un legislador o un policía que está apremiando o defendiendo una modificación de las leyes terrestres. Y, como hice notar previamente, tendría que demandar, y conseguir, una enmienda a la Constitución a fin de producir esto. Para decirlo con sencillez, si le digo a un fanático de la Liga de Defensa Judía que no votaré por él, y él me contesta que estoy decidiendo mi voto sobre la injusta base de que él es judío, está autorizado a obtener el magro consuelo que esto le puede permitir seguir luchando por sus ideas.

¿No resulta asombroso esa combinación de autolástima y autopromoción que usan estos raros religiosos de Estados Unidos? No es suficiente que hablen con rostro inmutable de su “fe” en las épocas de elecciones o intenten imponer su lenguaje en cualquier cosa, desde la jura de la bandera hasta la moneda corriente. Es que incluso cuando son levemente criticados por sus absurdas opiniones, se ponen a chillar como si los martirizaran, y actúan como si realmente los persiguieran.

En un emocionante perfil de Huckabee publicado el 16 de diciembre en el New York Times Magazine, podemos leer debajo de la línea en que figura el nombre de Zev Chafets la siguiente baba eufemística:

“En estos días, Huckabee tiene más posiciones políticas, pero su campaña está realmente dedicada a su carácter cristiano. Su slogan es ‘Fe, Familia, Libertad’, que Huckabee, quien una vez fue el hombre de las relaciones públicas para el televangelista de Texas James Robison, escribió por su cuenta. Huckabee no es un teócrata. Él simplemente cree en el poder del mensaje cristiano, y en su habilidad para encarnarlo y cumplirlo. ‘No es que querramos imponer a alguien nuestra religión’, escribió en ‘Character Makes a Difference’ (El carácter hace la diferencia), un libro publicado por primera vez en 1997 (como ‘Character Is the Issue’, ‘El tema es el carácter’) y reeditado a comienzos de este año. ‘Es que nosotros queremos darle una forma a nuestra cultura y leyes usando una cosmovisión que creemos tiene valor’ ”.

Agradable trabajo, ¿no? ¿Puede ser realmente verdad que el “no teócrata” Huckabee escribió la totalidad de ese slogan? Mientras usted evalúa esa afirmación impresionante, sugiero que examine la vida y los tiempos del “televangelista de Texas James Robison” y se pregunte si, votando en contra de él o de su cobista subordinado, usted estaría actuando o pensando de manera anticonstitucional.

Al otorgarle a su sujeto un premio por ejecutar el mismo truco barato de medios de información que él ha acabado de realizar, Chafets, concluye afirmando que “Huckabee se ha transformado en un maestro para desarmar audiencias seculares”.

Esa mentira gorda se transforma en una verdad a medias delgada y fatua solamente si se la creen bastantes tontos. Una de las maneras de desmantelar el truco de propaganda, es insinuar y mantenerse con la insinuación, que son los enemigos de la intolerancia religiosa de los intolerantes. Ese es el modo de socavar y finalmente demoler la pared de la separación.

*Célebre periodista  y comentarista político , muy conocido por sus puntos de vista desidentes y por su aguda ironía y su agudeza intelectual./c.2007WPNI Slate.

 

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